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Educación Ambiental Transformadora: Instrumento clave de la gestión local (Parte I)

Santiago, martes 19 de agosto de 2014, por Luis Alberto Gallegos, editorial Boletín GAL.- En circunstancias en que la reforma educativa copa las agendas institucionales y mediáticas, es oportuno reflexionar acerca de una educación específica, la ambiental.

 

La educación ambiental no es teórica ni retórica, ni tampoco practicista o utilitaria. La educación ambiental, como toda educación debe serlo, es un ejercicio teórico-práctico como sustrato de la praxis. Y, sobre todo, es una experiencia ética, vital y liberadora.

 

Es decir, se trata de un proceso cognitivo que brota de la experiencia ambiental concreta, la sistematiza analíticamente, y produce un resultado que se hace inteligible en la medida que retorna a la práctica haciéndola transformadora y liberadora.

 

En esta ocasión reflexionaremos sobre las lecciones y aprendizajes que nos deja una experiencia de educación ambiental generada por el Instituto de Ecología Política (IEP) y el Boletín GAL con su Programa de Educación Ambiental Municipal y Ciudadano (PEAM) ejecutado en diversas comunas y municipalidades de la Región Metropolitana y del Bío Bío.

 

En el PEAM nos inspira el paradigma educativo producido por el brasileño Paulo Freire. Y, en esa perspectiva, nos motiva generar una educación ambiental para la liberación o, en rigor, de la liberación para el desarrollo sustentable.

 

¿En qué consiste una educación de liberación para el desarrollo sustentable?

 

La entendemos como el proceso pedagógico que se basa en la generación de conocimientos a partir de la propia experiencia de los participantes mediante metodologías que combinan la reflexión lúcida (teoría) sobre la gestión ambiental local (práctica).

 

La entendemos como una contribución a contextualizar los temas, problemas y conflictos socio ambientales, en el marco de un modelo de producción y consumo neoliberal y depredador de los recursos naturales.

 

La entendemos como el esfuerzo por situar el estado, la línea base y procesos del medio ambiente comunal y barrial en el contexto de las coordenadas del país y las globales que hoy vive el Planeta; en donde lo local es una expresión específica de los fenómenos planetarios y desde donde se puede incidir en las grandes decisiones y transformaciones sobre el futuro de la Tierra.

 

La entendemos como la pedagogía bidireccional, es decir, que no solo los educandos se educan, sino también donde los educadores hacen lo propio en el mismo proceso, y donde, por tanto, nadie es poseedor del capital cognitivo o de la verdad en exclusiva, sino que ambos actores, educandos y educadores tienen conocimientos que entregar y compartir.

 

La entendemos como el proceso inductivo del conocimiento que construye sistemas desde lo simple a lo complejo, desde lo cercano a lo lejano y desde lo local a lo global; proceso que se complementa con el proceso deductivo en un intercambio infinito de aprendizaje ambiental.

 

La entendemos como la adaptación a la pedagogía ambiental del paradigma de Laswell quien nos enseña a explorar el conocimiento en el ¿qué, quién, cómo, dónde, cuándo, por qué y para qué?

 

La entendemos como la interacción fructífera, colaborativa y productiva entre la educación formal y no formal, es decir, entre la educación generada por las instituciones del Estado y la desarrollada por la ciudadanía y sus formas orgánicas en el movimiento social.

 

Es un proceso de aprendizaje mutuo y solidario

 

La educación ambiental, parafraseando a Freire, no es un trasvasije de datos ambientales del educador al educando. Es un proceso horizontal, bidireccional y colaborativo de generación de conocimientos ambientales. Es una educación mutua y colectiva.

 

En este sentido, nadie se superpone al otro, nadie descalifica a nadie. Sean integrantes de la institucionalidad del Estado o de la ciudadanía, todos y todas son parte de un mismo proceso. Y, por tanto, el valor educativo radica no solo en el componente e insumos provenientes de las salas de clase o de los talleres de capacitación, sino que radica sobre todo de las acciones de la ciudadanía, del movimiento social en su lucha cotidiana y su pedagogía práctica de defensa del medio ambiente y el desarrollo sustentable.

 

Lo sustancial del proceso educativo ambiental es la calle donde se vive la vida, y no solo el gabinete, laboratorio o la sala de clases; es la campaña pública y no solamente la oficina de cuatro paredes; es el grito y demanda de quienes radican en las zonas de sacrificio y no solo de la prensa que lo difunde. Es, en definitiva, la exigencia por un Chile y un Planeta vivo y sustentable para nuestros hijos, nietos y las demás generaciones.

 

Aportes desde el Estado

 

En este camino, hay aportes inestimables de instituciones del Estado como de la sociedad civil que han contribuido a este proceso de educación ambiental.

 

Desde la perspectiva del Estado, la labor del programa educativo del Sistema de Certificación Ambiental Municipal (SCAM), del Sistema de Certificación de Establecimientos Educativos (SNCAE), de la Unidad de Educación Ambiental del Ministerio del Medio Ambiente y de las Divisiones Ambientales de los diversos ministerios, se constituyen, a todas luces, en las líneas de acción más emblemáticas y sustanciales en cuanto se refiere a la educación ambiental institucional de Chile.

 

Desde la óptica del SCAM, nos resulta muy importante la mirada estratégica, sinérgica y práctica de su propuesta educativa ambiental. Es estratégica porque el proceso de certificación municipal no se agota en el municipio, sino que apuesta a una concepción territorial, comunal; es decir, el SCAM –del mismo modo cómo el PEAM diseña su misión- entiende que el paso siguiente a las fases de certificación, es la generación del Ecobarrio, de la Ecocomuna o la Comuna Sustentable. Y en este proceso de concepción territorial de la gestión ambiental, hay un instrumento insustituible: la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE).

 

Es sinérgica porque el SCAM, del mismo modo que el PEAM, se propone contribuir a la articulación de los diversos actores de la gestión ambiental: las autoridades, la ciudadanía y los empresarios. Y es práctica porque, coincidimos, en que la educación ambiental debe conducir a la generación de resultados y productos concretos para la sociedad civil, las municipalidades y el desarrollo productivo sustentable.

 

La sociedad civil

 

Desde la perspectiva de la sociedad civil, es inobjetable que los procesos creativos e innovadores de las ONGs, la academia y  las diversas instituciones ambientales, constituyen un aporte sustancial en este proceso educativo ambiental mediante su eficaces metodologías participativas y la aplicación de paradigmas o modelos como el Proceso Neuropsicológico, Delphi, Laswell, Lev Vigotsky, Paulo Freire, entre otros.

 

No obstante, el fundamental aporte de la sociedad civil al proceso educativo ambiental, es su propia experiencia práctica en su lucha cotidiana por la defensa del medio ambiente, mejor calidad de vida y el desarrollo sustentable. En este sentido, debemos incorporar al proceso de sistematización educativa las experiencias exitosas o en estado de desarrollo de gestión y lucha ambiental, como los de HidroAysén, Pascua Lama, Alto Maipo, entre otras. (Fin Parte I)

Próxima entrega: Parte II: La educación ambiental y la nueva cultura global

Próxima entrega: Parte III: La educación ambiental hoy en Chile requiere de cambios sustanciales. 

18/08/2014 19:11 Luis Gallegos Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Educación Ambiental: ¿Optimización del status quo o cambio transformador? (Parte II)

Santiago, martes 26 de agosto de 2014, por Luis Alberto Gallegos, editorial Boletín GAL.- Nuestra opción, como educadores y, simultáneamente, educandos del proceso educativo, es generar propuestas, contenidos, pedagogías y metodologías que posibiliten una transformación local y global de nuestras sociedades, contribuyendo a hacerlas más sustentables y más humanas.

 

Existen varias lecturas y opciones para el ejercicio de la educación ambiental. Está la visión de quienes pretenden visibilizar sus propias experiencias de gestión e interpretación, intentando replicarlas como “modelo” a seguir por otros actores.

 

Está aquella que debe cumplir con uno de los requerimientos de determinado proyecto ambiental y, por tanto, lo incluyen como un componente de publicitación de su propia gestión. Está, también, la de aquellos que adoptan la educación ambiental como un instrumento difusor u homogeneizador de determinadas percepciones ideológicas o políticas.

 

El concepto de educación ambiental es lo suficiente amplio, diverso y heterogéneo que permite múltiples e infinitas interpretaciones y praxis. Cada quien está en su derecho de aplicar la que mejor le acomoda a sus propósitos. Lo mismo, desde otra disciplina, se puede decir de la comunicación ambiental.

 

En esta nota vamos a reflexionar acerca de la visión que nos acompaña desde hace algún tiempo en el Instituto de Ecología Política (IEP) y en el Boletín GAL y que nos resulta particularmente útil y necesaria para nuestro propósitos de contribuir al cambio de esta sociedad neoliberal y depredadora, a una sustentable y liberadora.

 

Dos opciones

 

Todo proyecto pedagógico ambiental está inserto en un macrosistema determinado y, como un subsistema cultural, interactúa con otros subsistemas generando estabilización o alteración del sistema socio ambiental al que pertenece.

 

Es decir, la educación ambiental es posible que, o contribuye al mantenimiento del status quo o promueve su modificación. No hay otra opción. Por ejemplo, podemos producir una excelente educación ambiental sobre la eficiencia energética, y sus resultados no necesariamente cuestionen al sistema vigente, sino que, por el contrario, favorezcan su vigencia y su optimización técnico-económica.

 

En otras palabras, la educación ambiental -más allá de sus novedosas herramientas pedagógicas innovadoras o participativas-, puede tener dos rasgos: o se constituye en un soporte del sistema o se convierte en un interpelador del mismo.

 

Educación y cultura

 

En cualquiera de los dos casos señalados, la educación ambiental tiene una notable connotación no siempre explicitada: es expresión de la visión cultural que sustente al educador y, a su vez, un potente factor culturizador de los participantes del proceso educativo.

 

Y, cuando hablamos de cultura en este ámbito, nos estamos refiriendo, por cierto, al ideario, cosmovisión, esperanzas, proyectos y estrategias de quién genera el proceso educativo. Es decir, un conjunto de valores que están implícitos en el acto educativo.

 

Por tanto, consideramos que todo proceso educativo debiera, no solo transparentar las propias opciones culturales del educador, sino sobre todo generar un proceso reflexivo, crítico y autónomo de parte de los educandos.

 

En definitiva, tal como nos dicen María Novo y Antonio Elizalde: se trata de impulsar un “modelo de educación que sea instrumento para una práctica social transformadora, donde el aprendizaje colaborativo y creativo constituye su núcleo esencial y que busca ´introducir en el corazón del acto educativo los problemas de la sociedad, desde la escala local hasta la global´”. (Cursivas del autor)

 

Cultura y empoderamiento ciudadano

 

Ahora bien, en el escenario socio ambiental, la educación, como expresión de una cultura determinada y como factor culturizador de la sociedad civil, es un extraordinario componente del empoderamiento ciudadano.

 

Empoderamiento ciudadano ambiental que se ha venido desarrollando en los años recientes producto de un elemento clave en la educación ambiental: la calle.

 

Sin participación ciudadana mediante sus movilizaciones locales, regionales, nacionales y globales, no habría modo de gestar una educación ambiental transformadora. Es más, la calle y las movilizaciones ciudadanas constituyen el principal instrumento pedagógico de la educación ambiental.

 

Desde nuestra perspectiva, no basta con disponer de extensa teorías, técnicas e ilustración académica sobre el medio ambiente para generar una educación ambiental transformadora. Es necesario partir de la práctica, entenderla y analizarla críticamente y volver a la práctica. Al decir de uno de los grandes maestros de la historia, no basta con interpretar el mundo, hay que transformarlo.

 

Además, el propósito de toda educación ambiental no es sino diseminar una visión acerca de la sustentabilidad y, en este sentido, sus objetivos son generar hegemonía cultural desde los educandos.

 

Sea cual fuere el carácter de la educación ambiental, no existe otro propósito que producir un fomento de la cultura que la sustenta, de modo connotado o denotado. Y ello no es sino construir y generar hegemonía socio cultural y ambiental en el conjunto de la sociedad.

 

Desde nuestra perspectiva, la educación ambiental transformadora tiene una diversidad de raíces, vertientes y perspectivas. Todas son válidas y existe un abanico amplísimo de sus representantes en Chile y América Latina. A todos ellos y a todas ellas nuestro respeto y valoración por su gran aporte a la liberación de nuestras comunidades.

 

Nuestra opción, como educadores y, simultáneamente, educandos del proceso educativo, es generar propuestas, contenidos, pedagogías y metodologías que posibiliten una transformación local y global de nuestras sociedades, contribuyendo a hacerlas más sustentables y más humanas. (Fin Parte II)

 

25/08/2014 20:10 Luis Gallegos Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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