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Luis Alberto Gallegos

Cumbre Copenhague revelaría el diseño de la correlación de fuerzas para la COP 20

Santiago, Chile, martes 4 de noviembre de 2014, por Luis Alberto Gallegos, editorial del Boletín GAL.- Al parecer, la reciente Cumbre de Copenhague donde el IPCC presentó su último informe, pudiera entenderse como un laboratorio del diseño político que nos espera en la COP 20.

 

Hay que advertir y valorar el enorme esfuerzo de la comunidad científica integrante del IPCC, que ha logrado ofrecer unos aportes extraordinarios de conocimiento especializado para tratar de entender –y de hacernos entender a nuestras cabecitas duras, especialmente de los políticos-, el estado actual y las tendencias inevitables que nos depara el futuro en materia de cambio climático. Para ellos y ellas, la humanidad les está en deuda. Nuestro agradecimiento con mucho afecto.

 

Como bien lo dijo Ban Ki-moon, la ciencia ya dijo su palabra. Ahora les toca a los decidores de las políticas públicas.

 

Y es importante advertir que el informe científico publicado este domingo 2 de noviembre por el IPCC es el documento que servirá de base, de brújula y guía para los debates en la COP 20 y COP 21. Por tanto es, como suele decirse entre la clase política, el instrumento clave para diseñar la estructura de alianzas que se generarán en las futuras cumbres climáticas.

 

¿Qué pasó esta semana pasada en Copenhague, entendiéndolo como un ensayo de lo que será la COP 20 de Lima?

 

Los reticentes

 

Allí, los defensores de los combustibles fósiles, los exportadores de petróleo y gas y los países cuyas economías dependen del comercio de estos productos, nuevamente se convirtieron en el lastre fundamental que impidieron a toda costa llegar a buen puerto en las conclusiones del informe final. Tal como nos decía Matilde Rusticucci, (ver Boletín GAL 1752), estos gobiernos peleaban palabra por palabra, frase por frase, para dilatar, entorpecer y evitar un acuerdo sobre el informe. Arabia Saudita, era uno de ellos, o mejor dicho, el más empecinado. Lamentablemente, algunos de nuestros socios latinoamericanos, como Brasil, tuvieron tentaciones de sumarse a este coro de resistencia a un acuerdo global. Ojalá sus líderes recapaciten.

 

Estos países constituyen, lo que se llama en la jerga de la clase política, la contradicción principal o los opositores enceguecidos y resistentes a ser proactivos a un acuerdo climático razonable.

 

Los vacilantes

 

En el medio de este escenario están los países que no se oponen a un acuerdo global o más bien son proclives a un nuevo protocolo de emisiones, pero siempre y cuando reciban algo a cambio. Esto es, recibir financiamiento para sus propias políticas de adaptación u obtengan flexibilidad o no obligatoriedad de los acuerdos, condicionando sus votos a las promesas más o promesas menos. Son los actores del proceso climático que se les podría denominar neutralizables o ganables, pero a costa de negociar con certezas con ellos. Los líderes de la COP 20 -Perú en este caso y los líderes de la ONU-, deberán tener mucha atención respecto a este segmento de países, que no son pocos.

 

Curiosamente, en la Cumbre de Copenhague, los EEUU y China se habrían posicionado en este bloque, apareciendo con cierta dosis de razonabilidad y disponibilidad de llegar a consensos. Es probable que los complejos procesos internos de estas dos potencias, les induzca a una cautela al momento de emitir sus votos. Obama tiene a una oposición conservadora en el Congreso que le limita adoptar decisiones clave sobre el cambio climático. En tanto que China, hoy se ha constituido en uno de los mayores emisores de CO₂, contaminación ambiental y empeoramiento de calidad de vida de su población.

 

 

Los consecuentes

 

Y, en el otro lado del péndulo están, por cierto, los países que se han sensibilizado respecto a una estrategia coherente, ambiciosa y urgente sobre el calentamiento global. Aquí se encuentra la gran mayoría de delegaciones, con la clara visibilización y liderazgo de la Comunidad Europea, donde, naturalmente destacan Alemania, Noruega, Dinamarca y Holanda. Y, por supuesto, los países latinoamericanos progresistas y Chile.

 

Vale anotar que la delegación de nuestro país ha tenido en esta cumbre un desempeño extraordinario, no solo por las innegables instrucciones de Gobierno de facilitar desde todo punto de vista un avance en unas exitosas negociaciones climáticas, sino también por una composición de su delegación  de reconocidas personalidades del mundo académico, científico y profesional.

 

¿Y la COP 20?

 

Ante este escenario, naturalmente que la COP 20 se presentaría muy probablemente como una reedición de este complejo panorama de posiciones, alineamientos y alianzas explícitas -o tras bambalinas- entre los gobiernos globales. Y no hay que temerle. Es un desafío estratégico clave que hay que asumir.

 

No obstante, hay un factor importante a considerar en la COP 20. A diferencia de la COP 15 en 2009 -donde las expectativas ciudadanas globales fueron dejadas de lado y las demandas de los manifestantes que allí se concentraron fueron pisoteadas, virtual y literalmente-, Lima, no es Copenhague, ni América Latina es Europa.

 

Existen hasta el momento 1.598 organizaciones ciudadanas de América Latina y el Mundo inscritas como observadoras en la COP 20. Y, naturalmente, habrá en la sede de este evento muchos miles de luchadores y luchadoras ambientalistas que estarán pendientes de la evolución del proceso de debates.

 

En particular, las organizaciones indígenas de toda Latinoamérica y el Planeta estarán en torno a este evento. Igualmente los representantes de los países insulares vulnerables al aumento del nivel del mar. Asimismo, múltiples redes sociales conectadas a todo el Planeta.

 

Nos preguntamos, ¿serán tan imprudentes e indolentes algunos gobiernos para resistirse a un acuerdo climático global, a costa de tener que enfrentarse a la ciudadanía global y a su propia población local? Esperemos que no. Confiamos que la sensatez prime en esta ocasión en los gobiernos que participen en la COP 20. En sus manos, en su conciencia, en sus corazones y en sus decisiones está el futuro de este humilde Planeta y la sobrevivencia de esta, nuestra Única Casa Común, la Tierra (FIN)

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