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Luis Alberto Gallegos

Elaboran planes comunales de cambio climático en la Región Metropolitana de Santiago de Chile

Santiago, miércoles 29 de julio de 2009, por Luis Alberto Gallegos, Boletín GAL.- Empezaron los Talleres del proyecto sobre Gestión Ambiental Local y Cambio Climático, del Fondo de Protección Ambiental, FPA, 2009.

 

En Maipú, Santiago, Padre Hurtado, Recoleta, La Pintana, Melipilla,  El Bosque, Cerro Navia, Quinta Normal, Peñaflor, Lampa y Talagante se dio inicio a la secuencia de talleres que se realizarán hasta septiembre en diversas comunas de la Región Metropolitana, y que capacitará a 390 participantes entre funcionarios municipales, líderes sociales, docentes y comunicadores de 26 comunas de la RM.


Alta vulnerabilidad de la Región Metropolitana

La Región Metropolitana, RM, es muy vulnerable a los efectos del cambio climático debido a la alta contaminación del aire por dióxido de carbono industrial y del transporte; debido a los procesos de desertificación en las comunas de la zona norponiente; debido al riesgo de desastres en las comunas de la zonas precordilleranas y ribereñas a ríos; debido al impacto que sufrirá la producción agrícola por temperatura y sequía; debido al riesgo de carencia hídrica por el derretimiento de los glaciares que la abastecen; y debido a un ordenamiento territorial en los planes reguladores que no contempla este tipo de situaciones. Por ello, es indispensable que la gestión ambiental local incluya planes concretos de mitigación, adaptación y generación de capacidades frente al cambio climático.

Las mujeres constituyen el segmento más vulnerable al cambio climático por sequías, inundaciones, derrumbes, huracanes, escasez de alimentos y epidemias. Las mujeres en casos de desastre y Gestión de Riesgo, son un pilar fundamental para la reconstitución del hogar, la familia y la comunidad. Pero, pocas veces se le brinda información y capacitación como líder comunitario y gestora de procesos sociales de reconstrucción. Esta iniciativa pretende brindar las capacidades para que las mujeres estén con mejores aptitudes para asumir su rol en equidad y con eficiencia la mitigación, adaptación y generación de capacidades contra el cambio climático.

Objetivo de este proyecto

El objetivo de este proyecto es centralmente informar, capacitar y generar habilidades en los participantes a fin de que diseñen planes comunales de cambio climático que desarrollen como parte de su gestión ambiental local. Este objetivo posibilitará que la ciudadanía acceda al diseño y ejecución de políticas públicas sobre cambio climático en sinergia con las autoridades locales, como asimismo contribuir a una nueva cultura climática que eduque y genere hábitos y conductas ambientales sustentables en la población.

En 2008, el IEP realizó un proyecto similar a nivel nacional en doce regiones, que permitió avanzar en el diseño de propuestas ciudadanas para la elaboración de Planes Regionales de Cambio Climático en las regiones indicadas. Estas propuestas fueron entregadas a la Ministra del Medio Ambiente, Ana Lya Uriarte, el jueves 12 de marzo de 2009, a fin que las considere en las estrategias y planes futuros.

En particular esta iniciativa se propone también entregar instrumentos técnicos a los participantes, que les permita calcular la cuota de las emisiones de dióxido de carbono en sus domicilios, escuelas, empresas o municipalidades. Asimismo, busca habilitar a los asistentes con herramientas que les permita reducir tales emisiones de gases de efecto invernadero, mediante la eficiencia energética y con un mecanismo de compensación de emisiones. Es lo que se denomina la estrategia de CEROCO2.

Iniciativa apoyada por el FPA 2009

Este proyecto es novedoso e innovador. Permitirá la posibilidad de asociatividad de municipios de la RM que tienen las mismas vulnerabilidades y desafíos frente al cambio climático; permitirá que se genere nueva experticia en las organizaciones sociales frente a este tema, tal como lo vienen demostrado los Ecobarrios en Maipú y otras comunas; colaborará con la adquisición de capacidades para que las Municipalidades incorporen planes de eficiencia energética en sus comunas, tal como la Municipalidad de Santiago lo está haciendo; y permitirá la generación y fortalecimiento de redes ciudadanas en torno a planes comunales de cambio climático.

Es un proyecto apoyado por el Fondo de Protección Ambiental, FPA 2009, de CONAMA RM, que ejecuta el Instituto de Ecología Política en asociación con la Municipalidad de Maipú, Municipalidad de Lampa y el Instituto Técnico de Formación Ambiental, IDMA.

Más información:
http://radioclima.org/nweb_portal/site/lista_archivo.php?id=45
www.ceroco2.cl
www.radioclima.org

 

Cumbre Mundial de Cambio Climático: De Copenhague I a Copenhague II

Santiago, Chile, jueves 5 de noviembre de 2009, por Luis Alberto Gallegos, editorial Boletín GAL.-  Las miradas ambientales del mundo político y ciudadano están puestas hoy en la Reunión de Barcelona. Allí, se define esta semana lo que se ha calificado como la “arquitectura” de un acuerdo global sobre el cambio climático a debatirse en la Cumbre de Copenhague del 7 al 18 de diciembre próximo.

Las señales que emite la reunión de Barcelona, al parecer, configura un escenario en donde se han agudizado notablemente las contradicciones y conflictos entre los diversos actores que la componen. Es más, podríamos advertir que Barcelona es, de alguna manera, un ensayo de laboratorio o entrenamiento y ejercicio de lo que será la Cumbre de Copenhague.

África, por ejemplo, golpeó la mesa al boicotear las sesiones iniciales a fin de producir un efecto de impacto y de severa crítica a los países industrializados que se resisten a definir montos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). África apenas contribuye con el 3,7% de las emisiones globales, pero es la región más afectada por el impacto del cambio climático en cuanto a sequías, desertificación, hambrunas, epidemias y migraciones. África está, por decirlo de algún modo, al borde de la desesperación por lo que percibe será escenario de graves consecuencias humanitarias y conflictos sociales debido a este fenómeno. Lo mismo podrían decir las islas Tuvalú y Maldivas debido al aumento del nivel del mar que las inundaría totalmente.

No obstante, los líderes de las grandes decisiones políticas globales en esta materia como EEUU, Comunidad Europea, China y Japón, al parecer están atrapados en sus propios problemas o con sus propias prioridades o estrategias.

Líderes mundiales discordantes en sus compromisos

El gobierno de los EEUU está relativizando la importancia que los científicos y la ONU le atribuyen a la Cumbre de Copenhague y preferiría entenderla como un primer paso a ratificar en el 2010 ó en años venideros. El gobierno de Barack Obama está a merced del lobby y presión de las grandes corporaciones y del boicot del partido Republicano que, desde la Cámara Alta, quizá pudiera otorgarle un plan de acción para Copenhague, pero no le brindará una Ley Ambiental antes de fin de año ni la autorización para sellar mayores acuerdos climáticos. Obama está atado de manos.

La Unión Europea (UE)  ha venido liderando propuestas audaces y ambiciosas en compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de hasta el 20% para el 2020, pero no está en condiciones de actuar sola. Requiere de los EEUU. Y ello se lo ha dicho la canciller federal alemana, Angela Merkel, en reciente visita a Washington. La UE no está dispuesta a asumir sola el cúmulo de responsabilidades que significa la reducción de emisiones y el aporte financiero para la adaptación de los países en desarrollo, a pesar de que sus ofertas hayan sido hasta el momento bastante generosas.

China hasta el momento parecer estar jugando el papel de líbero y más interesada en defender el crecimiento de su PBI que la mitigación de GEI. A pesar de haberse constituido en el país emisor más grande del planeta, China no tiene el ánimo de asumir sus responsabilidades globales. Espera -con el pretexto de perpetuar el protocolo de Kioto que no le obliga a reducción de emisiones-, conocer, en su calidad de país no industrializado, qué le pueden ofrecer a cambio en materia de recursos financieros para la adaptación.

Japón mostró disponibilidad con su nuevo primer ministro de centroizquierda a reducir en un 25% sus emisiones de GEI para 2020, pero tampoco desea dar pasos sin tener la certeza de contar con otros aliados como los EEUU.

América Latina no atina

Latinoamérica no dispone de una voz ni una propuesta común. A pesar del intento confrontacional de los países agrupados en la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), del empeño de los gobiernos del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), de la presión de los pueblos originarios y de los débiles reclamos del Mercosur, esta región -considerada altamente vulnerable al cambio climático por la pérdida de glaciares, deforestación, subida del nivel del mar y sequías-, no ha podido articular una estrategia definida. Una pena.

Brasil, uno de los mayores emisores de GEI, no ha logrado articular un movimiento regional. En un momento ha pretendido aliarse con Alemania en torno a este tema, con el propósito quizá de consolidar su política de exportación de biocombustible antes que un intento serio de reducción de GEI. Lo más rescatable es, en todo caso, su decisión de revertir la deforestación de la selva amazónica con compromisos de reducirla hasta en 73% para el 2017.

Venezuela ha estado muy discreto en las negociaciones de las reuniones globales previas a Copenhague. La razón probable es que sus intereses petroleros están más por encima que los intereses globales del cambio climático. Incongruencias de un gobierno bolivariano.

Chile ha tenido una ocasión de oro para posicionarse en este tema del cambio climático en la región latinoamericana. Pero la ha desaprovechado hasta el momento. Las atenciones internas concedidas al proceso legislativo de la institucionalidad ambiental y las urgencias de cumplir con los compromisos y requerimientos para acceder a la OCDE, se han constituido en prioridades antes que el diseño y ejecución de una política líder en América Latina respecto al cambio climático. Aún hay tiempo. Liberado sustancialmente del tema de la institucionalidad ambiental con el avance en los acuerdos legislativos con la oposición, Chile podría despejar opciones para asumir de un modo más eficiente y con liderazgo el tema del cambio climático a partir de 2010.

En este escenario global, lo más probable es que la actual Reunión de Barcelona no pase de ser un símil de lo que ha ocurrido en las reuniones globales de Bali, Bonn y Bangkok: interesantes debates, con voluminosos documentos y con grandes temas sin resolver (en corchete). Quizá pudiera avanzarse en definir una “arquitectura” de un acuerdo y de articular alianzas previas a Copenhague, pero no hay que hacerse muchas expectativas.

¿Qué nos depara la Cumbre de Copenhague?

Sin pretender ser pesimista, lo más realista es entender la Cumbre de Copenhague de diciembre próximo como una ocasión en donde probablemente se apruebe un acuerdo político básico plagado de  buenas intenciones, aunque no vinculante. Una oportunidad en donde no necesariamente se definan cifras precisas de porcentajes de reducción de emisiones de GEI de los países industrializados, ni tampoco dónde se establezcan compromisos numéricos acerca de recursos financieros para la adaptación en países en desarrollo, ni menos en donde los países en desarrollo asuman en verdad sus “responsabilidades comunes, pero diferenciadas” en materia de emisiones.

La espada de Damocles que amenaza en este escenario es, en verdad, lo que los científicos han aseverado que, de no acordar reducciones drásticas de las emisiones de GEI – hasta un 40% para el 2020 por parte de los países industrializados-, podría haber un aumento de hasta dos grados Celsius en el calentamiento global con consecuencias catastróficas para el planeta y la humanidad.

Copenhague podría ser, a menos que se produzcan eventos notables que alteren las tendencias, una Cumbre en donde los gobernantes de los países ricos prioricen el uso de sus calculadoras políticas y financieras, antes que pongan por delante conductas éticas, sensatas y de sentido común que el desastre del cambio climático nos impone y depara.

Copenhague no termina en Copenhague. Esta Cumbre no termina el 18 de diciembre próximo, día de su clausura. Lo más probable es que la Cumbre Mundial del Clima se proyecte al 2010 en búsqueda de mejores condiciones, escenarios y disposiciones de los líderes mundiales y sus países.

Incluso, no sería extraño que Copenhague se proyecte para los próximos cinco años venideros o más.

El cambio climático –ya lo han dicho los científicos del IPCC-, es de largo plazo y de prolongado aliento. Sus hitos tienen que ver con los escenarios de los años 2020, 2050 y 2100, fechas en donde los decidores de las políticas públicas climáticas y ambientales ya no serán de esta generación de políticos. Las decisiones estarán en manos de nuestros hijos y nietos. Ellos serán, quizá, más sabios que todos nosotros para cuidar este hogar llamado Planeta Tierra. Ojalá, en todo caso, que alcancen a sobrevivir para ello.

De la Cumbre Copenhague I a la Cumbre Copenhague II

Mientras tanto, ¿es posible hacer algo? Por cierto, sí.

La ciudadanía –que es la que realmente sufre ya el impacto de la carencia de agua, desertificación, cambios de sus cultivos, epidemias, inundaciones y migraciones-, tiene en definitiva como siempre lo ha hecho en la historia ante desastres, el instinto y vocación de sobrevivencia y la responsabilidad de contribuir a la mitigación, la adaptación y generación de capacidades frente al cambio climático.

A este fenómeno global se le enfrenta, también y sobre todo, en la gestión ambiental local (GAL). El cambio climático está y va seguir afectándonos con mayor énfasis en adelante, atravesando por largos y complejos procesos sociales, políticos y ambientales a nivel global y local.

Del mismo modo como algunas organizaciones ambientales ciudadanas protagonizan luchas globales exigiendo drásticas reducciones de emisiones a los países industrializados, asimismo es indispensable que en nuestras organizaciones locales podamos articular fuerzas, ganar experiencia en prácticas innovadoras y obtener resultados visibles y eficaces en la acción local, barrial y comunal.

Copenhague y todas las cumbres que vendrán en el futuro en torno al cambio climático, tienen su sentido fundamentalmente en lo que nosotros podamos hacer para enfrentarlo en la casa, escuela, lugar de trabajo, gobierno local y servicio público.

Nuestro desafío es que la Cumbre Copenhague I, que hoy es escenario de las decisiones de las grandes potencias –principales causantes del presente cambio climático-, se transforme en el futuro en la Cumbre Copenhague II, en donde la ciudadanía pueda ser realmente protagónica y en donde la política ambiental y climática sea lo que siempre debió ser: una política ética de preservación de lo más sagrado que tenemos, la vida de la humanidad y de nuestro planeta Tierra.

Reflexiones sobre la comunicación global y local (PARTE I)

Santiago, Chile, viernes 24 de abril de 2009, por Luis Alberto Gallegos, FELAFACS.- Esta es la publicación de la primera parte de una ponencia presentada en el seminario internacional “Tendencias de la Investigación en Comunicación en América Latina”, de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social, FELAFACS, el 20-22 de julio de 1999 en Lima, Perú. Por su extensión se publicará en tres entregas y se presentará ampliada y actualizada.

 

De la comunicación global…

 

Interesa, para los fines de esta reflexión, que intentemos aproximarnos a la definición de la comunicación global, que se resume en el concepto de la cultura de masas, definida como la cultura que nace con las comunicaciones de masas que hacen posible la entrega casi simultánea de mensajes idénticos mediante mecanismos de reproducción y distribución rápidos a un número de personas relativamente grande e indiferenciado en una relación anónima. (1).

 

Como toda comunicación, la global tiene sus defectos y sus virtudes. Entre los primeros, podemos señalar que tiene una visión generalizante de la cultura. Cada cultura se sustenta en una tradición, lenguaje, códigos y memoria específicos. La globalización de las comunicaciones, en una era de reestructuración de la producción de mercancías culturales, tiende a la estandarización cultural y a la re-creación de estereotipos. La comunicación global, al homogenizar los mensajes, puede derivar en la privación de las culturas. Como diría León Greco en su canción, en esta globalización todos los globos se revientan.

 

Sin embargo, la comunicación global también tiene sus virtudes. La principal es disponer de un soporte tecnológico sin precedentes en las comunicaciones. La aspiración de toda cultura es a su universalización. Es su vocación ontológica, su razón de ser. La globalización resulta ser un dispositivo brillante a esta vocación. ¡Cómo hubieran deseado los griegos y otras culturas de la antigüedad disponer de satélites y de Internet! Su expansión y hegemonismo hubiera sido cosa de minutos. Por ello, no es extraño que pueblos indígenas avasallados -como los de Chiapas o los mapuche-, hoy acudan a Internet como un instrumento para difundir sus derechos. El aporte de la globalización comunicacional es obvia para estos menesteres. En el fondo, la cuestión reside en qué cultura está detrás del control de los grandes medios de comunicación globales y cuáles son sus intereses.

 

La era de la revolución y mundialización de las comunicaciones ha creado situaciones de desavenencias culturales en otras latitudes. El vertiginoso cambio suscitado en la tecnología de las comunicaciones a través de la televisión abierta, por cable y el satélite obligó desde hace años a países como, por ejemplo, Canadá o Bélgica a proteger mediante programaciones locales, sus propias identidades culturales frente a la intromisión tecnológica y cultural proveniente de países con el mismo idioma. Desde la década de los setenta, Europa -y especialmente Francia- vio reaparecer nuevas formas de nacionalismo cultural de intelectuales, artistas, editores y trabajadores de la prensa, ante la amenaza de la invasión cultural de potencias internacionales (2). La hegemonía que imponen los Estados Unidos en las comunicaciones globales no sólo se expresa en el control del 70% del mercado de las exportaciones de información por computadora y casi el monopolio de la información científica y técnica, sino en la presencia del inglés como el idioma internacional de las redes de información.

 

Las comunicaciones que han incidido en este proceso son principalmente la televisión, cine, radio e Internet. En distintos grados y formas, cada uno de estos medios de comunicación ha moldeado el tránsito cultural, acelerándolo en ciertas tendencias o retardándolo en otras. Las comunicaciones globales tienen el efecto de una interculturización a nivel planetario, que puede generar diversas lecturas, impredecibles opciones y múltiples impactos. El intercambio de mercancías, llevado al intercambio de mensajes globales, ha universalizado culturas, aunque también ha subordinado otras.

 

Llama la atención, en todo caso, el que la globalización de las comunicaciones, con sus correspondientes impactos en las identidades culturales de localidades, etnias y naciones -salvo excepciones-, no haya generado o incrementado un sostenido movimiento de resistencia que, de algún modo, se pronosticó como inevitable. Más bien ha habido una suerte de adaptación, integración o complementariedad cultural cuyos efectos aún no se pueden identificar claramente.

 

En América Latina y en Chile, el tránsito acelerado a una globalización de las distintas esferas de la vida económica, política y comunicacional, ha sido de manera aparentemente "natural" para sus actores. Sin aparente oposición, sin la suficiente irrupción de la identidad cultural propia. Es más, pareciera que se necesitaba de un fenómeno de esta naturaleza, sea para expansión de los mercados, sea para disputar liderazgos regionales, sea para reproducir estereotipos o por la necesidad de nuevos paradigmas y mitos.

 

La globalización también ha tenido un efecto disolvente en el denominado antimperialismo de antaño. En rigor, las actuales son circunstancias donde los EE.UU. ejercen un omnímodo hegemonismo en todas las esferas, incluida la cultural. Más bien son las tendencias liberales las que han dado muestras de disconformidad con esta suerte de sofocación e incluso etnocidio cultural a que la globalización somete a las culturas locales de diversas latitudes.

 

A la comunicación local…

 

En este sentido, es relevante la presencia de actores que, al decir de Marx, han actuado como el topo de la historia: las clases, razas, naciones y género subordinados, marginados y desposeídos. Ellos son los que, desde distintas ópticas y guardando sus diferencias, han dado su voz de alerta y han organizado una incipiente resistencia expresada con diversidad.

 

Es decir, es la ciudadanía la que, de manera dispersa, inorgánica y aún sin proyecciones estratégicas ha optado por disputar palmo a palmo territorios culturales a las transnacionales de las comunicaciones.

 

Una de esas expresiones es la comunicación local que, apropiándose de la tecnología moderna o potenciando los recursos propios, ha intentado revertir parcialmente en espacios focalizados la transnacionalización del pensamiento y el espíritu y ha buscado recuperar la identidad propia de sus orígenes. Experiencias son múltiples: radio, cine y televisión comunitaria, prensa barrial y temática, video popular, teatro callejero, grafittis, arte popular, redes de intercambio, cantores de la calle, peñas folklóricas, religiosidad popular, entre otras.

 

Estas expresiones han sido formas diversas de que la gente ha buscado decir su palabra, ante la indiferencia y obstinación de los detentadores del poder de las comunicaciones. Sin embargo, no siempre lo han logrado plasmar. Han habido largos períodos de oscuridad donde esas mayorías silenciosas han sabido guardarse o se les ha impuesto el silencio. Silencio que se expresó muchas veces en la palabra clandestina, en simbologías o en intermediaciones. Silencio que paulatinamente sale de las penumbras y que hoy busca iluminarse y abrirse a los espacios. Silencio que todavía es balbuceante, como cuando Goethe dice "Aún no sé cómo decirlo, porque todavía no nace la palabra...".

 

Podemos admitir que en este milenio la confrontación con el neoliberalismo y la mundialización de las comunicaciones podría estar situada particularmente en la escena cultural -especialmente desde la esfera local- con un vigor inusitado y resurgido desde las entrañas más profundas del ser mismo de los actores involucrados (3). Sin embargo, dada la dimensión de segmentos sociales involucrados en estas experiencias, pareciera que la expresión comunicación local quedara corta. Porque ello induce a pensar en lo micro, en lo pequeño, en lo minimizado, en lo focal, cuando en realidad estamos ante una gigantesca multitud de personajes y ante una multifocalidad impresionante.

 

Habría que proponer más bien el concepto de comunicación ciudadana como la expresión que más se ajusta a la realidad de este fenómeno. Además, porque de todas las experiencias indicadas hay medios para todos los gustos. ¿Cómo definir a una radio comunitaria de 50 kilowats como medio local? Imposible. La potencia y cobertura no determina el carácter del medio. La definición de comunicación ciudadana, además, rescata el sello de lo que ha venido a llamarse el tercer sector de la sociedad. Lo ciudadano como uno de los roles del individuo en su inserción social, en su asunción como ser en relación a, situado y conectado, referenciado por sus nexos con los demás. Lo ciudadano, no sólo en su sentido tardíamente liberal de los derechos y deberes, sino lo ciudadano como el espacio donde se dirime el futuro de la sociedad y, en definitiva, de la humanidad.

 

Intentemos explorar y entender el porqué la comunicación local ha sido de modo natural y sin tránsito la que le ha salido, como dicen los comunicadores centroamericanos, como David frente a Goliat, a las transnacionales de la globalización.

 

Un primer acercamiento nos induce a admitir que la globalización tiene grandes vacíos y carencias en su propuesta comunicacional que probablemente sean su sino existencial ineluctable. Una de ellas, la fundamental, es -salvo excepciones- la débil participación ciudadana. El acceso del receptor al medio, la recreación permanente de la dualidad emisor-receptor/receptor-emisor, obviamente, el medio globalizado no lo puede hacer a plenitud por su propio carácter. En cambio, la comunicación local o ciudadana tiene la virtud de ser mucho más permeable y flexible a la participación social, de modo tal que se adapta a la realidad de los auditores y receptores. Esto hace que la gente asuma al medio como suyo, lo incorpore a su identidad, se apropie del mismo. No obstante, ello no significa que los medios globales no logren acceder a cierto grado de este tipo de apropiación por parte del receptor. Se pueden presentar situaciones donde algunos de estos medios globalizados efectivamente lo logran, particularmente en la radiodifusión donde la identificación con programas, personajes o con estilos es mucho más frecuente que con la TV o la prensa. Pueden crearse situaciones de co-existencia entre ambos tipos de medios. En sondeos de sintonía se han dado casos donde radio-oyentes dan sus preferencias por radioemisoras satelitales, pero también por la radio local de su comuna, localidad o región. La diferencia radica en el grado de proximidad y empatía que se establece entre el medio y el receptor. Empatía que está cifrada por códigos, lenguaje, memoria, complicidad, sentimiento, en otras palabras, por identificación cultural.

 

Como parte de este empoderamiento que el receptor-emisor obtiene del medio local o ciudadano mediante su participación de mil diversas formas, podemos señalar que un aspecto crucial siempre presente, es el de las expectativas de cambio que se desprende de ese tipo de relación medio-receptor. Sean éstos cambios de carácter prosaico -servicios de utilidad pública o doméstica- o sean cambios de carácter estratégico -desarrollo local, calidad de vida, medio ambiente, relaciones de fuerza, acumulación de poder-. El tipo de expectativas que se establezcan, naturalmente, siempre dependerán del grado y tipo de conciencia para sí del receptor. El medio local o ciudadano tiene, a diferencia del medio global que se percibe lejano y parte componente de las estructuras de poder, la virtud de constituirse potencial o efectivamente en el instrumento de transformación de la situación en que se encuentra la ciudadanía. El medio como posibilidad de ser instrumento de poder. Este es el quid del asunto.

 

El empoderamiento que el receptor-emisor adquiere en el medio local también tiene una particularidad muy importante: la construcción de espacios democráticos locales o regionales. El acceso de la ciudadanía al ejercicio de la democratización de la sociedad y sus estructuras, tiene más relevancia y fluidez desde lo local, desde lo propio y lo próximo. Por ello los medios locales tienen la excelencia para esta expresión de lo político y lo cultural. Y también en lo económico, cuando se trata de crear la gestión productiva de la población. Sin embargo, esta faceta no se verá cubierta desde el medio global, excepto cuando la ciudadanía irrumpa en desenlaces de hechos políticos de envergadura o simplemente cuando se convierta efectivamente en poder local, regional o, en definitiva, cuando se instale como el nuevo poder del Estado. (FIN PARTE I)

 

NOTAS

 

(1) Los medios de comunicación en tiempos de crisis, Armand y Michéle Mattelart, Tercera Edición, Siglo XXi Editores, Madrid, 1985. p. 10.

(2) S. Nora y A. Minc, señalan que "Dejar a otros, o sea a bancos norteamericanos el cuidado de organizar esta 'memoria colectiva' y contentarse con tomar de ella equivale a aceptar una enajenación cultural. La creación de bancos de datos es, pues, un imperativo de soberanía" (L'infortisation de la société", enero 1978). Asimismo, cien autores y artistas franceses señalan: "No desconocemos la contribución de cada cultura al patrimonio universal, y nos regocijamos cada vez que la televisión nos presenta grandes obras llegadas de otras partes. Pero pensamos también que la cultura universal se empobrece cada vez que una cultura nacional se debilita o abdica". (Manifiesto de la Televisión). A.M. Mattelart, Ob. cit. p. 90 y ss.

 

REFLEXIONES PARA UNA ESTRATEGIA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO (I)

Santiago, Chile, lunes 14 de Mayo de 2007

Por Luis Alberto Gallegos

Periodista

Editor de Boletín GAL (Gestión Ambiental Local)

 

Hoy el tema del cambio climático se ha instalado en las agendas mediáticas de Chile y el planeta. Ya no se discuten ni se objetan los fundamentos científicos que le dan sustento, aunque siempre hay quienes defienden sus intereses corporativos y tratan de desvirtuar la ciencia climática y morigerar su impacto.

 

No obstante, en el tratamiento público de su diagnóstico hay un tema nodal que pasa desapercibido o simplemente se le trata de subsumir en otros: las causas profundas de este fenómeno.

 

El cambio climático es la expresión condensada de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción de la modernidad y postmodernidad contemporáneas. A distinción de otros grandes temas ambientales, éste resume pristinamente en sí mismo las contradicciones insalvables de un capitalismo depredador del capital humano y del capital natural. Al llevar la acumulación de capital a su máxima expresión la expoliación de los recursos económicos, este sistema pone en riesgo inevitable la sobrevivencia no sólo de los actores productivos involucrados, sino del planeta en su conjunto. Al hacer un uso intensivo y extensivo de los combustibles fósiles como fuente energética y principales emisores de gases invernadero, este modo de crear bienes y servicios ha colocado en riesgo a toda la humanidad.

 

Esta contradicción vital se convierte, por tanto, en una contradicción transversal en la medida que atraviesa y afecta a todas las esferas de la vida de nuestras sociedades: el medio ambiente, la economía, la sociedad civil, la política, la cultura y la ciencia en su conjunto. Hoy por hoy no hay empresario, político, ciudadano o científico que honesta y conscientemente se pueda sentir lejano, extraño o ajeno a este tema. Todos estamos involucrados, querámoslo o no. Y si aún hay resistencia a aceptarlo y asumirlo, más tarde o más temprano todos lo haremos, debido a que su núcleo es la sobrevivencia o no de nosotros mismos y las generaciones futuras.

 

La razón de esta resistencia, indiferencia o inacción es obvia. Temas universales y complejos de este tipo van extendiendo su comprensión consciente en el mundo público, privado y social de manera desigual y diferenciada. El conocimiento científico aún no se ha traducido suficientemente en un conocimiento masivo y en un lenguaje ciudadano que permita acelerar este proceso cognitivo.  No se ha convertido aún en opinión pública. El debate y las iniciativas para su educación y difusión, recién están larvándose.

 

Por tanto, la estrategia contra el cambio climático debe considerar medularmente el núcleo central que lo ha ocasionado, desde la revolución industrial a la fecha. Es decir, se trata de una estrategia que, finalmente, debe imponerse como interpeladora y severamente crítica al sistema socioeconómico que ha predominado en el mundo como alterador del clima y generador de la inequidad y vulnerabilidad que todos conocemos. De no adoptar esta perspectiva, estaremos simplemente reeditando en materia climática las mismas fórmulas reformistas inviables con las que se ha maquillado la pobreza de nuestra gente.

Tiene razón el ex presidente Ricardo Lagos cuando dice que el tema del cambio climático es un tema político. Porque en definitiva son los decidores de las políticas públicas los que finalmente tienen la capacidad de generar las agendas, normativas y planes específicos para mitigar y adaptarse al cambio climático en cada país, región y planetariamente. Pero no sólo es político. Es también un tema económico que debe considerar la reestructuración de los sistemas productivos, matrices energéticas, modalidades de consumo y organización territorial del hábitat. Y allí está el meollo o el quid del asunto, porque está en cuestión el modelo neoliberal al que algunos apuestan como la panacea a nuestro sufrimiento y subdesarrollo.

 

Tiene razón Al Gore cuando dice que el tema del cambio climático es un tema moral y ético. Porque en definitiva se trata de un tema acerca del sentido y futuro de nuestra humanidad. Pero, precisamente por ser un tema ético, requiere de coherencia. Si una estrategia climática realmente pretende abordar de raíz el tema del cambio climático, no puede apelar a remedios que podrían ser peor que la enfermedad o, en el mejor de los casos, paliativos anestésicos. Porque, en rigor, los biocombustibles, tan preciados por el señor Al Gore, podrían provocar similares emisiones de gases invernadero, calamidades tóxicas, alteraciones transgénicas y, sobre todo, modificación de la estructura agrícola con severo impacto en las reservas alimentarias del planeta.

 

Finalmente, cuando hablemos y diseñemos una estrategia y planes que contemplen la densidad y la transversalidad ambiental, socio-económica, política y cultural del cambio climático, podremos entonces, al decir del señor Al Gore, convertir esta crisis planetaria en una oportunidad de transformación. Hoy, es imprescindible oponer a la crisis global, una estrategia integral.

 

Y si de transversalidad hablamos, entonces, por cierto estamos también hablando de voluntades políticas inclusivas en donde estén todos los que tienen que estar: ciudadanos, gobiernos y actores económicos. No hay agendas climáticas eficaces si no se establecen estrategias y planes en donde cada uno de ellos se involucre consciente y activamente. No hay salida posible si esta crisis climática no la transformamos en una oportunidad de cooperación transversal que contribuya a nuevas formas de gobernanza ambiental. Es más, no hay desafío global que no tenga un decisivo tratamiento local. Pero ésto es materia de una segunda entrega de este artículo.

Las Lecciones de una práctica innovadora en la Gestión Ambiental Local: El Acceso a la Información Pública y la instalación de medios de comunicación ciudadanos

Santiago, martes 7 de enero de 2009, por Luis Alberto Gallegos, IEP.- En agosto del 2007 empezó una iniciativa denominada Proyecto “Promoción de la Participación Ciudadana y Acceso a Información Ambiental en Comunas de la Región Metropolitana de Santiago”, o más conocido como el  Proyecto GAL III, en el marco del  Programa de Modernización del Estado: Un Estado Participativo al Servicio de la Ciudadanía (1).

 

Este proyecto contó con la ejecución de la Comisión Nacional de Medio Ambiente RM (2)  y del Instituto de Ecología Política (3), contando con el apoyo de la Agencia de Cooperación Internacional, AGCI (4), y la Unión Europea, UE (5). En este mes de diciembre 2008, este proyecto culmina.

 

Resultados

 

Este proyecto tuvo una cobertura de 37 comunas de la Región Metropolitana. Realizó 47 talleres y capacitó a 724 funcionarios municipales y líderes sociales en participación ciudadana y acceso a la información ambiental. Asimismo, se creó 37 redes comunales con los participantes de los talleres y una red regional global. Otros productos destacados de este proyecto son: el Boletín GAL con 700 ediciones publicadas al 15 de diciembre 2008 y 25.162 lectores(as); y un portal o ventanilla única ambiental (6).

 

Luego de año y medio de ejecución se puede decir que este proyecto ha sido muy exitoso, ha superado las expectativas que se habían trazado y ha dejado lecciones y aprendizajes muy importantes para la gestión ambiental local.

 

Lecciones del proceso de capacitación en la Ley de Acceso a la Información Pública

 

En la línea de capacitación en el acceso a la información ambiental este proyecto fue pionero en la difusión y conocimiento municipal y ciudadano de la Ley 20.285 de Acceso a la Información Pública, promulgada el 11 de agosto de 2008 (7). Este tema, junto con los proyectos de Ley de Participación Ciudadana y Ley de Iniciativa Popular hoy en debate parlamentario, constituye una herramienta potentísima para la incidencia de la ciudadanía en las políticas públicas en el país. Y, por tanto, generó amplias expectativas en los participantes que, de inmediato, se interiorizaron a fin de conocer la forma del uso ciudadano de esta ley y el impacto que tendría su aplicación en los servicios públicos y en las municipalidades, particularmente en las Unidades de Medio Ambiente, UMA.

 

Hay numerosas lecciones que la gestión del proyecto GAL III nos deja en cuanto a la capacitación en la Ley de Acceso a la Información Pública. Destacamos dos claves.

 

Una. La ciudadanía va a utilizar amplia y masivamente esta normativa aunque probablemente de manera lenta. Además, es posible que la manera de su uso y la presentación formal de la solicitud de información requerida induzca a no ser tramitada debidamente y al surgimiento de dificultades en la entrega de la información pública solicitada. Ello debido a que la urgencia y prioridad de los problemas y conflictos socio-ambientales son de tal magnitud que la ciudadanía podría tender no a utilizar esta ley para solicitar la información requerida, sino a solicitar ya la solución del problema que le aqueja. Podría confundirse información con gestión. Las autoridades de los servicios públicos requeridos tendrán que ser muy cuidadosas en la atención de este tipo de solicitudes, a fin de no darlas por rechazadas por no ceñirse en rigor a lo establecido en la ley. Los rechazos por este tipo de causales podrían generar frustraciones en los ciudadanos solicitantes. También esta constatación nos hace visualizar que es prioritario y clave que el Consejo para la Transparencia (CT) –órgano ejecutor de esta Ley- deba difundir y capacitar masivamente a la ciudadanía en la utilización correcta de esta normativa.

 

Dos. Las municipalidades van a constituirse en la ventanilla preferencial de solicitud de información pública por parte de la gente. Ello debido a que es la autoridad o servicio público que está más cercano y más a la mano de la ciudadanía. Por tanto, no sería extraño que se generaran congestiones y “cuellos de botella” en la gestión de esta ley en este nivel. Eventuales colapsos debidos, además, a que las municipalidades no disponen de suficiente estructura administrativa, recursos humanos y financieros para hacerse cargo de esta inmensa tarea. En este sentido, el CT tiene razón al señalar que es muy probable que los servicios públicos apelen como causal de denegación total o parcial de acceso a la información requerido al inciso 1 del artículo 21 de la ley, al considerar que la solicitud “afecta el debido cumplimiento de las funciones del órgano requerido” (8). Esta situación supone que el gobierno deba disponer de reajustes financieros y estructurales en las normativas de procedimientos de las municipalidades y el CT deba brindarle prioridad a las municipalidades en la capacitación y difusión de los funcionarios públicos. Los funcionarios municipales acogen en general con beneplácito esta ley, por que son conscientes de la necesidad de la participación y acceso de la ciudadanía en la gestión pública. Aunque también se han evidenciado resistencias en algunos casos puntuales, nutridas probablemente por diferencias político-ideológicas con el ejecutivo.

 

Lecciones en la generación de medios de comunicación ciudadanos

 

Uno de los propósitos del GAL III era y es promover los medios de comunicación ciudadanos con contenidos ambientales y participación activa en la gestión ambiental local. En las comunas involucradas hemos constatado que, tanto en las comunas urbanas y rurales, la radio local es un poderoso instrumento de información y participación ciudadana. Le sigue el uso de Internet –mediante web, blog, emails y boletines electrónicos- y finalmente la prensa escrita y la TV local. Ello es lo que en el proyecto GAL III le denominamos diseño del Mapa De Capital Informativo Local.

 

Por ello es que en los módulos de capacitación técnico-prácticos poníamos énfasis en el aprendizaje para la producción de programas de radio y de redacción de notas informativas. En lo primero se capacitaba en guiones y libretos informativos ambientales, y en lo segundo en elaboración de artículos periodísticos ambientales para alimentar los medios electrónicos. Además, el paradigma de Laswell –que desarrollamos en los talleres- es útil no sólo para las comunicaciones y el periodismo, si no también para crear sistemas informativos básicos en la gestión política, municipal, social, empresarial, institucional y ambiental (9).

 

No obstante, una de las lecciones –si se le puede calificar así- es la débil institucionalidad y capacidad de recursos de este tipo de medios de comunicación ciudadanos. Las radios locales no dependen del mercado a diferencia de otros segmentos comunicaciones, “no se someten a la lógica del dinero ni de la propaganda las emisoras que así se denominan. Su finalidad es distinta, sus mejores energías están puestas al servicio de la sociedad civil. Un servicio, por supuesto, altamente político: se trata de influir en la opinión pública, de inconformar, de crear consensos, de ampliar la democracia. En definitiva -y por ello, el nombre- de construir comunidad” (10). Por ello es que si se requiere de estos medios para fortalecer la gestión ambiental local o para que la ciudadanía incida en las políticas públicas, es preciso que el Estado fortalezca su apoyo y reformule sustancialmente su política del fondo de medios (11). Asimismo, resulta imprescindible que el Fondo de Protección Ambiental de la CONAMA incluya la comunicación e información como una de las líneas de actividades a apoyar, como componente clave de la gestión ambiental local. (12).

 

Finalmente, dentro de este rubro es necesario destacar el papel del Boletín GAL que a la fecha dispone de más de 700 ediciones publicadas y con 25.162 lectores(as) diarios. Este medio fue premiado el jueves 27 de noviembre con un reconocimiento a su aporte a la Sociedad Sustentable por la Casa de la Paz en ocasión de celebrar sus 25 años de fundación (13).

 

Si bien el diseño original de este medio electrónico fue de constituirse en el eje articulador de las actividades de las redes locales y regionales del proyecto GAL II y GAL III, con el devenir de los acontecimientos su papel superó notablemente sus objetivos primigenios. Hoy el Boletín GAL se ha constituido en una herramienta necesaria para los gestores de políticas públicas ambientales tanto de algunas instituciones del Estado, privadas, municipales y ciudadanas. Además, es un referente de las agendas de algunos medios de comunicación y una tribuna de las actividades, denuncias, conflictos y opiniones ciudadanas sobre temas ambientales. En el contexto latinoamericano existen escasos boletines electrónicos diarios de este tipo: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA, (14), Foro Ecológico (15), Federación Nacional de Trabajadores del Agua Potable y Alcantarillado del Perú (16), Noticias do Meio Ambiente (17), entre otros.

 

El desarrollo del Boletín GAL lo ubica inexorablemente en el contexto de la experiencia de información tipo Web 2.0, es decir, de aquél uso de Internet que se define en red y de acuerdo a los requerimientos de los usuarios (18). La Web 2.0 “implica una participación más democrática de las aplicaciones en Internet, donde no basta que una persona lea noticias, sino que además las comente, participe, e incluso envíe sus noticias y propuestas. La idea es abrir el espacio a la formación de comunidades y enfocar los productos web en esa dirección. Esto puede contribuir a la difusión de las propuestas sobre cambio climático en la medida de que estas herramientas sirvan a las pequeñas comunidades a aprender de estos temas y que ellos además puedan escribir, debatir e/o informar lo que sucede en su alrededor. Esto, va más allá de los denominados "reporteros barrriales" sino que enfoca a cada usuario. Aquí la mentada comunidad pueden ser personas que incluso nunca se hayan visto, pero se reúnen porque comparten un interés en común” (19).

 

NOTAS

 

(1)       Ver: http://www.conama.cl/rm/568/article-43024.html

(2)       Ver: http://www.conama.cl/rm/568/channel.html

(3)       Ver: http://www.iepe.org/

(4)       Ver: http://www.agci.cl/que-es-agci/apuntes-destacados/noticias/modernizar-la-gestion-publica-en-beneficio-de-la-ciudadania/

(5)       Ver: http://ec.europa.eu/index_es.htm

(6)       Ver: http://www.galrm.cl/nweb_portal/site/index.php

(7)       Ver: http://www.bcn.cl/ley-transparencia

(8)       Ver:http://www.proacceso.cl/noticia/el_consejo_para_la_transparencia_se_prepara_para_implementar_nuevo_sistema_de_acceso_la_info

(9)       Ver: http://200.76.166.4/~cristobal/lasswell.doc  Laswell, Harold Dwight, Nació en Donnellson, Illinois, en 1902, hijo de un pastor protestante. Alumno aventajado de enseñanza secundaria, obtuvo una beca para estudiar sociología en la Universidad de Chicago, donde muy pronto mostró sus especiales dotes para la investigación y obtuvo el título de doctor a los 24 años (1926). Concluida la carrera, viajó al Reino Unido, donde estudió en la London School of Economics y también en centros académicos de París, Ginebra y Berlín. Se inició en la docencia en las Universidade Chicago, donde enseñó ciencia política (1922 a 1938), antes de trasladarse a la Universidad de Yale. Trabajó en el Institute for Propagande Anaysis (1937-1941), donde editó una revista mensual con numerosos trabajos de análisis de contenido sobre textos propagandísticos del período histórico de entreguerras. Publicó su primer libro a los 28 años (Psychopathology and Politics, 1930), antes de iniciar una etapa de investigación relacionada con la propaganda política y la comunicación masiva, que se tradujo un número sorprendente de títulos. En 1935 publicó World Politics and Personal Insecurity y Propaganda and Promotional Activities; un año más tarde, Propaganda and Dictatorship, temática que reiteraría en plena guerra mundial con Propaganda, Communication and Public Opinión (1946). En total, más de 30 títulos.
Sociólogo estadounidense. Se dedicó principalmente al estudio de la influencia de los medios de comunicación y de información de masas en el proceso de creación de la opinión pública, un tema clave para la sociología contemporánea en las sociedades industriales y postindustriales. Cientista político estadounidense, se doctoró en la Universidad de Chicago. Entre 1940 y 1945 trabajó en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, como jefe de la División Experimental para el Estudio de las Comunicaciones en Tiempo de Guerra. Su interés por la propaganda política lo llevó a preocuparse por los fenómenos de la comunicación. Fue uno de los más influyentes activistas de la necesidad de desarrollar investigación en materia de comunicación y cumplió un rol importante en poner en marcha la institucionalización de esos estudios. Formuló el conocido e influyente modelo de las 5 preguntas: A ¿Quién, dice qué, a quien, por qué canal, y con qué efecto? Otro rasgo de su obra fue la aplicación de los conceptos del psicoanalista Sigmund Freud a la comprensión de la conducta política.
Entre sus principales obras destacan: "Propaganda Technique in the Worl War" (1927); "Politics: Who gets What, When, How" (1936); y "Propaganda, Communication and Public Opinion (1946), con Smith y Casey).  Murió en Nueva York en 1978.

(10)    Ver  http://alc.amarc.org/index.php?p=Que_es_una_Radio_Comunitaria&l=ES  Manual Urgente para Radialistas Apasionados". José Ignacio López Vigil. 1997.

(11)    Ver: http://www.gobiernodechile.cl/viewFondosMedios.aspx?idArticulo=23000

(12)    Ver: http://www.fpa.conama.cl/

(13)    Ver Boletín GAL Nº 691 del lunes 1 de diciembre de 2008.

(14)    Ver: http://www.pnuma.org/informacion/noticias/2008-12/12/index.htm?fecha

(15)    Ver: http://1.bp.blogspot.com/_losf5-z0Meg/SUKbAbzjn6I/AAAAAAAACAE/9gzsX0Hq1aM/s1600-h/Banner+Bol+FE+Dic.jpg

(16)    Ver: www.fentap.org.pe

(17)    Ver: http://www.portaldomeioambiente.org.br/

(18)    Ver: http://www.maestrosdelweb.com/editorial/web2/  La Web 2.0 es la representación de la evolución de las aplicaciones tradicionales hacia aplicaciones web enfocadas al usuario final. El Web 2.0 es una actitud y no precisamente una tecnología. La Web 2.0 es la transición que se ha dado de aplicaciones tradicionales hacia aplicaciones que funcionan a través del web enfocadas al usuario final. Se trata de aplicaciones que generen colaboración y de servicios que reemplacen las aplicaciones de escritorio.

(19)    Ignacio Almonacid, periodista diseñador y constructor del portal del GAL III www.galrm.cl

Fortalezas y debilidades del Plan de Cambio Climático de Chile

Santiago, martes 9 de diciembre de 2008, por Luis Alberto Gallegos M., Editor del Boletín GAL.-  El Plan Nacional de Cambio Climático dado a conocer el 4 de diciembre pasado por el gobierno es concreción práctica y cumplimiento de los compromisos adquiridos por Chile, respecto al artículo 4.1(b) de la Convención Marco de Cambio Climático, CMNUCC, que señala que “las Partes deberán formular, aplicar, publicar y actualizar regularmente programas nacionales y, según proceda, regionales, que contengan (…) medidas para facilitar la adaptación adecuada al cambio climático”.(1)

 

Probablemente una de las ausencias notables –entre otras- de este Plan sea que no se haya explicitado suficientemente su origen y sentido. Por ello es que quizá haya cierta confusión respecto a su papel, atribuciones y funcionalidades.

 

El Plan de cambio climático es –o mejor dicho, debería ser- un proceso de corto, mediano y largo plazo, transversal e interactivo, y constantemente evaluable, flexible y perfeccionable. Es un proceso de permanente praxis y conocimiento. Este tipo de Plan debe entenderse como un concepto y metodología de la planificación ascendente y descendente. La planificación ascendente es el proceso de tránsito de lo local a lo global, de lo particular a lo general, con la amplia inclusión y participación de todos los actores. La planificación descendente, en cambio, es el flujo de lo global a lo local y de lo general a lo particular, cuyo primer paso es el diseño y generación estratégica del propio Plan.

 

En este sentido no es malo que este plan sea un “plan de planes”, como se le ha calificado desde algunas lecturas. Por el contrario, ese es su espíritu: constituirse en una herramienta que apoye la generación de planes locales, institucionales, sectoriales, sistémicos y organizacionales. No sólo debe ser un instrumento de permanente actualización del conocimiento técnico científico sobre el cambio climático en el país, las regiones y las comunas -particularmente las más vulnerables-, si no que debe constituirse en el eje rector de la planificación y gestión ascendente -institucional y ciudadana- y de las políticas públicas y sociales en mitigación, adaptación y fomento de capacidades.

 

Fortalezas…

 

El objetivo general del Plan es “Minimizar los impactos adversos al cambio climático, a través de acciones integradas que permitan determinar la vulnerabilidad país y las medidas de adaptación para enfrentarlos adecuadamente, aportando al mismo tiempo, a la mitigación de gases de efecto invernadero”.(2)

 

Una de sus primeras fortalezas –en análisis comparado con los planes climáticos de algunos países de América Latina, Unión Europea y Asia (3)-, lo constituye el uso de una estructura lógica muy bien afinada y estandarizada a otras experiencias internacionales. También lo es su avanzado estado del arte en el diagnóstico en materia científica acerca del impacto del cambio climático en Chile, sus regiones y localidades. Aunque en algunos casos –como, por ejemplo, los índices percápita de emisiones- se haya basado en datos desactualizados (4).

 

Asimismo, otro aspecto destacable es su concreción en cuanto a determinar plazos y responsabilidades, al punto de disponer de una carta Gantt muy precisa. Sin embargo, llama la atención algunas metas a corto plazo cuyos períodos de ejecución prácticamente estarían en la actualidad a un 50% de lo programado, no habiéndose ejecutado todavía política alguna al respecto.

 

Una fortaleza relevante del Plan es cuando señala, en materia de adaptación: “El Estado debe abordar el cambio climático de una manera explícita en las distintas políticas sectoriales e instrumentos de gestión que tienen relación con este problema global, de manera de contemplarlo como un eje estratégico en todos los ámbitos de la política pública” (5). Es decir, bajo este tenor, a partir de su publicación, este instrumento sobre el cambio climático se constituye en el eje articulador, transversal, estratégico y prioritario de las políticas públicas nacionales, regionales y locales. Es la primera vez que en nuestro país se plantea el tema del cambio climático bajo esta definición. La pregunta inevitable es: ¿hasta qué punto los servicios públicos del Estado y las municipalidades asumirán como vinculante esta definición?

 

Otra de sus fortalezas tiene que ver con el rediseño de la institucionalidad de cambio climático en el país a objeto de hacerla coherente con los propósitos del Plan. Allí se señala: “Es necesario revisar a la luz de la Estrategia y de la implementación de este Plan de Acción, el mandato y composición del Comité Nacional Asesor, así como ver mecanismos de hacer más activo su involucramiento en las decisiones de política pública en materia de cambio climático”(6). Este asunto es clave. Es indispensable generar una institucionalidad que permita realizar un efectivo monitoreo, evaluación y seguimiento del desarrollo de este Plan. El Comité Nacional habría agotado sus posibilidades y resulta indispensable crear otro organismo o refundar el mismo, de modo que adquiera más poder de gestión y coordinación del Plan incorporando a nuevos sectores clave, como la ciudadanía organizada.

 

El Plan señala: “Un aspecto central en el ámbito de la educación será la de relevar la problemática del cambio climático en la malla curricular de los distintos niveles educacionales del país, desarrollando los correspondientes programas educativos a nivel básico y medio, enmarcados en un Programa Nacional de Educación para el Cambio Climático” (7). Esto es fundamental. El cambio climático tendrá sus momentos peak en el 2025, 2050 y 2100. Y ello supone que las nuevas generaciones adopten sensibilidad, información y formación en torno a este tema, de modo que sean capaces de adoptar las decisiones apropiadas y eficaces en el momento oportuno. Decisiones que las generaciones anteriores no pudimos llevar a cabo.

 

Y debilidades…

 

En cuanto a las debilidades, lo más destacable es el insuficiente compromiso en materia de mitigación. En efecto, el Plan indica que “cabe señalar que, si bien nuestra contribución al aumento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero es baja (0,2%), según los datos obtenidos de inventarios anuales nacionales, las emisiones del país aumentaron un 300% en un período de 20 años (1984-2003), y que en estas estadísticas, el sector energía es el que mayores aumentos ha generado y generará al país” (8). Estas aseveraciones indican, por tanto, que resulta indispensable adoptar medidas drásticas y urgentes en esta materia.

 

No obstante, el Plan se atiene solamente a “efectuar un análisis para determinar el potencial total y sectorial estimado de reducción de emisiones que el país podría alcanzar, para un horizonte de tiempo dado (i.e., 2015, 2020, 2025 y 2030)” (9) y a enumerar algunas acciones en materia de eficiencia energética y energías renovables que resultan insuficientes para modificar sustancialmente la matriz energética del país (10). Ello a pesar de que existen estudios y propuestas mucho más audaces y ambiciosas de reducción de emisiones y política energética, tanto en el escenario internacional como nacional.

 

Hoy en Poznan, Polonia, se debaten novedosas propuestas en este rubro, principalmente del Reino Unido que será el primer país del mundo en hacer obligatorias las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero en un 80% hasta 2050 (11) y la UE que reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero un 30% en 2020 y un 80% en 2050 (esto supone que cada habitante emitirá dos toneladas de dióxido de carbono al año, el nivel de los países más pobres actualmente) (12).

 

De otro lado, en el plano nacional conocidas son, entre otras, las interesantes e innovadoras propuestas del Programa Chile Sustentable respecto a este tema que perfectamente pudieran constituirse en insumos de las políticas públicas en esta materia (13).

 

En un aspecto clave, el de la reducción de las emisiones o mitigación, el Plan resulta poco ambicioso y promisorio. En definitiva, en materia de compromisos de reducción de emisiones, el Plan se empantana en ambigüedades allí en donde se debe ser absolutamente preciso y exigente. No es posible ampararnos en consideraciones ya añejas del protocolo de Kyoto que no obligan a nuestro país a reducciones de emisiones.

 

En este sentido nos parece que supeditar nuestros compromisos como país en materia de mitigación al apoyo tecnológico y financiero de los países industrializados podría entenderse como parte del proceso negociador en las cumbres internacionales pre-Copenhague (14). Pero en nuestra política interna es preciso dar un salto adelante que evidencie voluntad política, propósitos ambiciosos en reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y dar señales de liderazgo coherente en el escenario regional latinoamericano en esta materia. Ello cuando precisamente se habla de responsabilidades comunes y diferenciadas en este rubro. Toda decisión o indecisión en este ámbito, tiene un impacto global. Y es hora que seamos consecuentes entre nuestra palabra y nuestros gestos.

 

Otra de las debilidades sustanciales del Plan se refiere a la participación ciudadana en la adaptación y generación de capacidades ante el cambio climático. Definitivamente, el Plan no considera a la sociedad civil como un actor fundamental en su desarrollo. Tal como señaláramos en una consulta ciudadana en doce regiones del país en octubre 2008, la adaptación al cambio climático es centralmente tarea ciudadana, por que es en el mundo social donde reside la mayor vulnerabilidad y los mayores riesgos ante su impacto. Por ende, es preciso fortalecer el protagonismo de la sociedad civil con acciones asociativas en torno a este tema. El actor ciudadano requiere socializar en su propio lenguaje el conocimiento técnico científico sobre el cambio climático. Requiere dotarse de formas modernas de cooperación y asociatividad en red. Y, sobre todo, requiere de la capacidad de participar, proponer e incidir en las decisiones de las políticas públicas y en las agendas locales y regionales vinculadas al cambio climático.

 

Una debilidad crucial del Plan es la ausencia de políticas públicas sobre adaptación al cambio climático a nivel local. No hay manera de enfrentar este fenómeno global, si no es desde la Gestión Ambiental Local, GAL. Y este tipo de gestión o Agenda Local 21, debe urgentemente incorporar el cambio climático a la actividad socio-política-ambiental de la comuna, el barrio y la Región. El Plan debe constituirse en una herramienta de fomento y de articulación de los planes locales, institucionales, sectoriales, sistémicos y organizacionales. Y estos planes particulares deben tener como funciones las siguientes:

 

  1. Levantar mapas de fuentes de emisión local de GEI
  2. Levantar mapas de vulnerabilidad en la comuna o el barrio
  3. Diseñar Planes de Mitigación y Adaptación Local-Comunal
  4. Incluir el cambio climático en las políticas públicas locales: Pladecos, Ordenanzas, normativas
  5. Generar espacios públicos de diálogo sobre el cambio climático
  6. Organizar campañas de información a la ciudadanía
  7. Promover la educación climática formal y no formal
  8. Organizar mecanismos de fiscalización ciudadana de fuentes emisoras locales de GEI
  9. Gestionar y ejecutar proyectos socioeconómicos locales de Mecanismos de Producción Limpia
  10. Generar una cultura climática mediante formación, nuevos hábitos y estilos de vida que contribuyan a adaptarse al cambio climático

 

Las prácticas innovadoras respecto a estas Agendas Locales de Cambio Climático ya se visualizan en las experiencias de la Red de Cambio Climático de América Latina de 2004, con 294 miembros (15); con la campaña contra la desertificación de El Canelo de Nos en la IV Región desde 2005 (16); con los proyectos regionales de Casa de la Paz en 2007 (17); con la recientemente constituida Alianza por la Justicia Climática por 14 ONGs chilenas (18); por los Diálogos Ciudadanos de Cambio Climático del IEP en 12 regiones en 2008 (19) y por los casi 200 proyectos locales de cambio climático financiados por el Fondo de Protección Ambiental, FPA, para 2009 por la CONAMA. Son estas experiencias de gestión ambiental local sobre cambio climático que el Plan debe potenciar, articular, recoger experiencia, sistematizar y fomentar para su réplica en el país.

 

Otras debilidades del Plan se relacionan con notables ausencias de temas con indiscutible peso específico en este escenario:

 

1)       La identificación de ecosistemas, especies de la flora y la fauna más vulnerable al cambio climático en nuestro país no está lo suficientemente explicitado.

2)       Los bosques como los grandes sumidores de CO2 y los glaciares como las grandes reservas de agua para Chile, no están instalados como prioridades en las políticas públicas del Plan para su urgente protección.

3)       Las formas de adaptación de la agricultura y una posición clara ante los organismos genéticamente modificados -que para algunos países y sectores aparecen como formas de adaptación-, no están en el Plan.

4)       El turismo no figura, a pesar de que nuestro país tiene un potencial enorme en este rubro, e incluso en la última cumbre mundial de turismo de hace unos meses en Lima, el tema de agenda central era, precisamente, el impacto del cambio climático en estas actividades.

5)       El ordenamiento territorial y los planes reguladores aparecen sólo en lo relativo a zonas costeras vulnerables, cuando estos temas debieran ser considerados en la actualización de todas las normativas y ordenanzas comunales y regionales sobre esta materia.

6)       Las migraciones o refugiados ambientales o climáticos tampoco se incluyen, cuando nuestro país y la Región están procesando flujos migratorios cuyas motivaciones ya no sólo serían económicas, sino también ambientales.

7)       La política de biocombustibles y la nuclear sólo se les menciona sin profundizar en sus reales implicancias como fuentes energéticas y como supuestas panaceas al cambio climático.

8)       La gestión de riesgos, políticas de prevención y papel de los sistemas de seguros tampoco se han considerado, cuando en otros países este aspecto ya se ha instalado en la generación de planes ante desastres, alertas tempranas y revisión de las coberturas de aseguradoras.

9)       Las comunicaciones y la información en los sistemas y medios de difusión no aparecen como uno de los instrumentos claves en la generación de una nueva cultura climática.

10)    El rol y políticas del Estado ante las mujeres, indígenas, trabajadores y tercera edad, en cuanto segmentos sociales vulnerables al cambio climático, brillan por su ausencia.

11)    Los eventuales beneficios que el cambio climático podría conllevar para ciertos procesos productivos silvoagropecuarios, no se mencionan.

 

En definitiva, este Plan contiene fortalezas que hay que afirmar y perfeccionar, pero también tiene severas debilidades que deben ser subsanadas a la brevedad. Es indispensable generar en el país un gran movimiento de diálogo, información, debate y participación ciudadana respecto al Plan Nacional de Cambio Climático. Es preciso organizar consultas ciudadanas en todas las regiones y comunas.

 

Los medios de comunicación no se han hecho eco de este proceso y, salvo excepciones, han obviado de sus agendas este urgente tema. Es momento propicio a que se fomente el papel y participación activa de los medios locales, regionales y ciudadanos. Los grandes medios se han autoexcluido de esta enorme tarea. Hay que privilegiar a los medios que sí están cercanos a la gente.

 

Finalmente, el Instituto de Ecología Política, IEP, ha realizado una primera versión de estas consultas en doce regiones de Chile. Se disponen de instrumentos, metodologías y diseño de propuestas ciudadanas que están a disposición de las autoridades pertinentes y de la sociedad civil. Pero ello no basta. Ahora el Estado debe promover que las organizaciones ciudadanas emitan su opinión respecto a este diseño estratégico de planificación descendente y le imprima su sello social en forma ascendente. Es hora de actuar. Nadie sobra en este proceso. Ahora llega el momento propicio de la voz ciudadana en el tema del cambio climático.

 

NOTAS

 

(1)       www.humboldt.org.co/download/cambioclima.pdf , p. 7

(2)       Plan de Acción Nacional de Cambio Climático, 2008-2012, p. 40.

(3)       Ver Planes de Cambio Climático de Argentina, Bolivia, Perú, México, Venezuela, Canadá, España y China en: http://www.radioclima.org/nweb_portal/site/lista_archivo.php?id=43

(4)       El Plan señala: Por otro lado, Chile aparece en la posición 90 respecto a las emisiones de CO2 per cápita en el mundo para el año 2004, con un valor de 3.9 ton CO2/habitante, de acuerdo al “Informe sobre desarrollo humano 2007-2008: la lucha contra el cambio climático”, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (2007). En el contexto sudamericano, Chile aparece como el segundo país más alto en cuanto a este indicador de emisiones de CO2 per cápita”. ibidem. P. 17. No obstante, según otros estudios, “Chile ha ido aumentando las emisiones de dióxido de carbono (CO2) por persona en toneladas métricas al año: 2001, 3,53; 2002, 3,45; 2003, 3,66; 2004, 4,06; 2005, 4,14”. http://paises.enerclub.es/guia_ampliada/Chile--36/Energ%EDa--

7/Emisiones%20de%20CO2%20per%20c%E1pita--97/index.html

(5)       Ibidem, p. 32

(6)       Ibidem, p. 25. Este Comité Nacional Asesor sobre Cambio Global tiene por “objetivo central asesorar y coordinar a las distintas instituciones vinculadas a los temas de cambio climático y de cambio global, y en especial al Ministerio de Relaciones Exteriores y a la Comisión nacional del Medio Ambiente”. Diario Oficial/Normas Generales/Año 1996/DO 29/05/1996. Docto 466 1996 Ministerio de Relaciones Exteriores. Asimismo, el Plan dice: Con el propósito de cumplir los compromisos adquiridos en materia de cambio climático, como el desarrollo de comunicaciones nacionales, en 1996 se creó el Comité Nacional Asesor sobre Cambio Global, que actúa como órgano consultivo nacional para abordar la temática en Chile. La presidencia le corresponde a CONAMA, la vicepresidencia al Ministerio de Relaciones Exteriores y lo integran, además, el Ministerio de Agricultura, la Comisión Nacional de Energía, la Dirección General del Territorio Marítimo y Marina Mercante, la Dirección Meteorológica de Chile, el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile, la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, y la Academia Chilena de Ciencias. El decreto de creación indica que el Comité puede invitar a sesionar a otras instituciones e individuos, según sea necesario”. Plan de Acción Nacional de Cambio Climático, 2008-2012, p. 23

(7)       Ibidem, p. 36.

(8)       Ibidem, p. 34

(9)       Ibidem, p. 51

(10)    Según el Plan se llevarán a cabo las siguientes acciones específicas en materia de eficiencia energética y energía renovable: “1. Mejorar las estimaciones del potencial de ahorro y eficiencia energética a escala nacional y regional, por sector de consumo. Para ello, se cuantificará el potencial de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, con la aplicación del plan de acción 2007-2015 de Programa País de Eficiencia Energética, cuyo objeto es limitar el crecimiento del consumo de energía en sectores como: transporte, industria, minería, público y residencial. Adicionalmente, se establecerá el potencial de reducción de dicho programa respecto de la línea de base.

2. Fortalecer el Programa País de Eficiencia Energética, conforme a los resultados del potencial de ahorro y eficiencia energética, a objeto de reforzar las acciones en materia de eficiencia energética en el sector de construcción, comercial, residencial, industrial y de transporte, y evaluar su potencial de mitigación futura.

3. Estudiar el potencial de generación energético renovable. Para ello, se obtendrá y cuantificará el potencial de limitación del crecimiento de emisiones de gases de efecto invernadero, producto de las nuevas inversiones que se realicen en este ámbito, como resultado de las acciones de promoción del desarrollo de energías renovables no convencionales en el país y de las adecuaciones regulatorias realizadas.

4. Realizar un monitoreo permanente de la evolución de la línea de base actual y proyectada, a efectos de dar cuenta de la evolución natural del crecimiento de la demanda, así como las nuevas condiciones que se presenten en la oferta energética.

5. Crear el Centro de Energías Renovables, como apoyo a la definición de políticas y de orientación a los inversionistas.

6. Ejecutar el fondo de garantía estatal para inversión en energías renovables y eficiencia energética.

7. Impulsar la instalación de sistemas solares térmicos o para generación de electricidad, en los sectores público, comercial, residencial e industrial, aprovechando al máximo los recursos solares que Chile posee.

8. Proveer la infraestructura y seguridad necesarias para el uso masivo y habitual de la bicicleta como medio de transporte”. Ibidem, p. 51

(11)    http://ania.urcm.net/noticia.php3?id=26183

(12)    http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Europa/afronta/dividida/cumbre/clima/elpepisoc/20081207elpepisoc_6/Tes

(13)    Ver Aporte potencial de: Energías renovables y no convencionales y eficiencia energética a la matriz eléctrica 2008-2025 en: http://www.chilesustentable.net/

(14)    “La aplicación de la responsabilidad del conjunto de los países no Anexo I, debe darse en un marco de decidido apoyo tecnológico y financiero, por parte de los países Anexo I y de construcción de capacidades en los propios países no Anexo I, conjugando las circunstancias y capacidades nacionales. Estas últimas serán evidentes en la medida en que existan estudios que posibiliten una adecuada toma de decisiones”. Documento presentado por la delegación chilena en la Cumbre de Poznan, p. 2. Ver Boletín GAL 696 del martes 9 de diciembre de 2008.

(15)    http://espanol.groups.yahoo.com/group/cambioclimaticoglobal/?yguid=129096281 Esta red se constituyó en diciembre de 2004 por representantes de 40 organizaciones ciudadanas, quienes emitieron la Declaración de Santiago: Los miembros de ONG, universidades, municipalidades, empresas y entidades de comunicación, expresamos:
1.- Compartimos el consenso científico de que el Cambio Climático se altera y se debe a las actividades humanas que modifican la composición atmosférica que expone principalmente las áreas más vulnerables de la sociedad, la economía, la flora, la fauna y las vidas de nuestros compatriotas.
2.- Sostenemos que para enfrentar el cambio climático ya actuante en Chile, es indispensable la revisión de algunos paradigmas y abrir nuevos espacios de reflexión y participación.
3.- Nos comprometemos a integrar nuestras voces particulares a un espacio más grande, a través de organizaciones y redes como la que estamos formando actualmente.
4.- Nuestras propuestas para el efecto del cambio climático se basan en Mapas Conceptuales.
5.- Nos comprometemos a crear una Estrategia sobre el Cambio Climático, que permita incidir en el nivel político, a nivel de la gobernabilidad, y permita avanzar en la creación de una Masa Crítica identificada con su entorno.
6.- Nos comprometemos a generar una Metodología de Estudio y Conocimiento sobre el Cambio Climático.
7.- Nos comprometemos a crear una Red de Cambio Climático independiente, con un propósito propio y sin tildes organizacionales.
8.- Compartimos el criterio de que el tema del cambio climático lo contextualizamos en el amplio tema ambiental, entendiéndolo como una amplia gama, un gran abanico donde juegan factores como el político, el económico, el filosófico y el religioso.
9.- Reiteramos que es necesario crear una Estrategia Educativa a Largo Plazo con una Visión Holística.
10.- Convenimos en presentar esta Declaración ante la sociedad civil de Chile, América Latina y El Caribe.
Santiago, 2 de Diciembre del 2004.
Adolfo Cortés (CODELCO), Alejandro González (CODEP), Bernardo Reyes (IEP), Carlos Díaz (CODEP), Carmen Blumberg (IEP), Carolina Heidke (Universidad de Valparaíso), Carolina Silva (Casa de la Paz), Cecilia Araya (CODEP), Claudia Martínez (Municipalidad de Huechuraba), Claudia Quezada (Universidad de Valparaíso), Cristián Villalobos (CODEFF), Cristián Villarroel (IEP), Domingo Valdebenito (Universidad de Playa Ancha), Erick Maturana (Universidad ARCIS), Estela Ospina (Consultora Ambiental), Felipe Oyarzún (Municipalidad de San Bernardo), Flavia Bustos (CODEFF), Fresia Figueroa (RENACE), Gisela Sanhueza (Colegio La Inmaculada de Peñaflor), José Luis Barías (Consultor Ambiental), Juan Orellana (Municipalidad de San Bernardo), Juan Pablo Muñoz (Universidad ARCIS), Karl Böhmer (Universidad ARCIS), Luis Gallegos (Coordinador del Seminario), Marlen Soto (Universidad de Valparaíso), Melania Paredes (Universidad de Valparaíso), Miriam Pinto (CODEFF), Orlando Ruz (CODEFF), Oscar Ponce Universidad ARCIS), Pamela Garay (Universidad de Valparaíso), Paula Solar (Municipalidad de Pudahuel), Paulina Aldunce (Universidad de Chile), Rodrigo Mellado (CODEFF), Rosa Flores (CODEFF), Rosita Garay (Universidad de Chile), Roxana Bórquez (Universidad de Chile), Sofía Merino (Universidad de Valparaíso),  Ximena Salinas (CODEFF), Lake Sagaris (VP, Ciudad Viva), Rubén Cárdenas Galindo (Estudios Agrarios Ancud)

(16)    http://www.elcanelo.cl/nweb_portal/proyectoriohurtado/documentos.php?codCategoria=1

(17)    http://www.casadelapaz.cl/casadelapaz/publico/portada.htm

(18)    www.justiciaclimatica.cl

(19)    http://radioclima.org/usuarios/intranet-lista.php?id=1 Este proyecto lo realizó el Instituto de Ecología Política en doce regiones con el apoyo de la DOS: Región de Los Ríos, Región de Arica-Parinacota, Región de Tarapacá, Región de Antofagasta, Región de Coquimbo, Región de Atacama, Región de O`Higgins, Región del Maule, Región de BioBio, Región de La Araucanía, Región de Aysén, Región Metropolitana. Participaron 552 líderes sociales y se  elaboraron 11 Planes Regionales de Cambio Climático que se pueden descargar del portal indicado.

(20)    http://www.fpa.conama.cl/efpa/nomina.php?id_expediente=730980&nomina=proyecto_admisibilidad

 

Prólogo al Manual Ciudadano de Cambio Climático

Prólogo al Manual Ciudadano de Cambio Climático

Por: Luis Alberto Gallegos Mendoza

Periodista, Responsable del Proyecto de Cambio Climático del IEP

Santiago, Agosto de 2008.

 

 

En Chile la información, conocimiento y diálogo sobre el cambio climático han estado limitados al ámbito académico, científico y gubernamental. Hay un vacío informativo sobre este tema que, en un lenguaje comprensible, acceda al nivel de la ciudadanía. La gente sencilla aún no logra tener suficiente acceso a tecnicismos y cientificismos de la esfera académica. Faltaba “traducir” el lenguaje científico climático, en una versión de lenguaje ciudadano.

 

Si ello ocurre en la esfera de los códigos de conocimiento, mucho menos acceso e incidencia tiene aún la ciudadanía en las políticas públicas sobre el cambio climático. La participación requiere estar informada y ser consciente. En una encuesta realizada por el IEP en enero de 2008 en la Región Metropolitana de Santiago, el 97,2% señaló que se encuentra al tanto de que estamos ante un fenómeno mundial, aunque sólo un 32,9% indicó que conoce las causas y consecuencias del cambio climático

 

La incidencia ciudadana en el tema del cambio climático, podría hacer más eficaz la gestión de agendas climáticas en los ámbitos locales, regionales y nacionales. La ciudadanía tiene un aporte que brindar a la estrategia de gobernabilidad climática y a los planes de adaptación al cambio climático en cada país. Por tanto, es indispensable informar y educar a la ciudadanía y promover su participación activa en la gestión de políticas públicas para la adaptación al cambio climático.

 

Impacto del cambio climático en Chile

 

Según la Comisión Nacional para el Medio Ambiente de Chile, CONAMA, en su documento “Amenazas y Oportunidades para Chile, ESTRATEGIA NACIONAL DE CAMBIO CLIMÁTICO 2006”, la temperatura superficial global promedio de la atmósfera aumentó en 0.6°C durante el siglo 20. Las proyecciones y consecuencias serán cambios en la temperatura superficial de la atmósfera de 1.4 a 5.8°C y en los patrones de precipitación para los próximos 100 años. Debido a ello, habrá aumentos en el nivel del mar entre 8 y 88 cms; intensificación de eventos climáticos extremos (fuertes precipitaciones, inundaciones, olas de calor y sequías). Asimismo, habrá derretimiento de glaciares, erosión de bordes costeros, la aparición explosiva de epidemias,  daños en cultivos y en la biodiversidad, déficit del recurso hídrico y búsqueda de nuevas formas de energía.

 

La vulnerabilidad de Chile se debe a que tiene zonas costeras bajas; zonas áridas y semiáridas; áreas susceptibles a la deforestación o erosión, a los desastres naturales, a la sequía y la desertificación; áreas urbanas altamente contaminadas, y ecosistemas frágiles. Los estudios nacionales proyectados al 2040 indican la intensificación de aridez en zona norte, avance del desierto hacia el sur, reducción hídrica en zona central y aumento de precipitaciones al sur.

 

Desafíos ciudadanos

 

La CONAMA señala además que, entre otros, los principales desafíos de Chile en esta materia es difundir en la ciudadanía la problemática del cambio climático y desarrollar tres ejes de una Estrategia Nacional de Chile frente a este fenómeno: 1) Adaptación a los Impactos del Cambio Climático; 2) Mitigación de las Emisiones de Gases de Efecto Invernadero; y 3) Creación y Fomento de Capacidades en Cambio Climático. Dentro de este último eje, un objetivo central de esta estrategia es difundir el cambio climático y crear conciencia en la ciudadanía; fomentar la educación e investigación; generar información de calidad y accesible para la toma de decisión; y desarrollar capacidades institucionales para la mitigación y adaptación.

 

En esta perspectiva, los desafíos clave a nivel de la sociedad civil, es generar formas inclusivas en la Estrategia Nacional de Adaptación al Cambio Climático, creando en la ciudadanía redes sustentables de educación, información, asociatividad y participación activa en las agendas y políticas públicas ambientales regionales y locales. Se deben formar y capacitar líderes sociales y ambientales en el conocimiento técnico-científico. Se debe avanzar en la constitución de mesas de trabajo con actores ciudadanos, económicos y de gobiernos locales con el fin de analizar las consecuencias y la adaptación al cambio climático. Se debe construir redes ciudadanas sustentables a nivel comunal, intercomunal e interregional, que participen activamente en las estrategias, agendas públicas locales, planes y acciones de adaptación al cambio climático. Se deben crear sistemas masivos, de alto impacto e interacción, de información y comunicación ciudadana sobre el cambio climático. Y, finalmente, se debe organizar campañas educativas que promuevan una nueva cultura climato-energética y nuevos hábitos de adaptación al cambio climático.

 

Redes ciudadanas

 

La adaptación al cambio climático es centralmente social y ciudadano, por que allí reside la mayor vulnerabilidad. Por ende, es preciso fortalecer el protagonismo de la sociedad civil dentro de las acciones asociativas sobre este tema. El actor ciudadano requiere socializar en su propio lenguaje el conocimiento técnico científico sobre el cambio climático. Requiere dotarse de formas modernas de cooperación y asociatividad en red. Y, sobre todo, requiere de la capacidad de incidir en las decisiones de las políticas públicas y en las agendas locales y regionales vinculadas al cambio climático.

 

Todo ello demanda de fortalezas ciudadanas propias y autónomas. Hay que privilegiar la construcción de redes ciudadanas sobre cambio climático, tanto en forma presencial (talleres, encuentros, actos públicos, campañas, agendas y compromisos, etc.) como también en forma virtual, es decir, conectadas vía Internet. Redes sustentables mediante la participación interactiva, en donde las decisiones sean horizontalmente colaborativas y no verticales o impuestas. La sustentabilidad de una red ciudadana se expresa y consolida en la medida que las decisiones ciudadanas son tomadas en cuenta y los ciudadanos tienen la fortaleza suficiente para hacerse oír y participar en las agendas locales.

 

Gobernanza climática

 

La gobernanza climática es, en rigor, el componente político del proceso de adaptación al cambio climático. Cada mesa de trabajo de gobernabilidad climática es una alianza amplia con participación de las organizaciones ciudadanas, los representantes de gobiernos locales y el empresariado local.

 

Estas mesas de trabajo asociativas constituyen una forma de gobernanza con el fin de analizar las consecuencias del cambio climático, así como elaborar agendas públicas locales y planes para cada sector sobre la adaptación a dichos cambios. Su peculiaridad se expresa en que cada sector coloca sobre la mesa, sus intereses y estrategias específicas respecto al cambio climático, en lo local y regional. Del mismo modo, su fortaleza radica en que esta alianza se manifieste y sostenga en Actas de Compromisos y Agendas Locales comunes respecto al cambio climático. No son simples declaraciones formales o buenas intenciones. Son acuerdos de acciones concretas comunes y asociativas para adaptarse a este fenómeno a nivel local y regional. Serían mesas básicamente operativas y con capacidad de incidir en decisiones públicas sobre cambio climático.

 

¿Qué podemos hacer como ciudadanos frente al cambio climático?

 

En diciembre de 2004, a propósito de un seminario en Santiago de Chile, hacíamos las siguientes reflexiones que consideramos aún vigentes:

 

“Si nos quedamos sólo con la información parcial de las cifras macro de emisión de gases de efecto invernadero (GEI) de las grandes industrias, corporaciones y países, lo más probable es que arribemos también a conclusiones parciales. Es obligación de los gobiernos, las empresas, las instituciones globales y las organizaciones ambientales hacerse cargo de estas cifras macro, e implementar políticas y estrategias nacionales y globales que enfrenten el cambio climático. Ese es uno de los principales objetivos del Protocolo de Kyoto”.

 

No obstante, esa no es toda la realidad. La otra parte de la verdad, en las cifras micro, es que cada uno de nosotros cotidianamente también somos responsables de nuestras cuotas de emisión. Por tanto, debemos hacernos cargo de esa parte de la verdad. Tenemos el derecho a vivir en un ambiente saludable, y también tenemos el deber de contribuir como individuos a mejorar nuestra calidad de vida. No podemos excluirnos de nuestro propio papel en la gestión ambiental local y global. Según estudios, Chile ha ido aumentando las emisiones de dióxido de carbono (CO2) por persona en toneladas métricas al año: 2001, 3,53; 2002, 3,45; 2003, 3,66; 2004, 4,06; 2005, 4,14. Esa, es nuestra propia responsabilidad individual.

(Ver: http://paises.enerclub.es/guia_ampliada/Chile--36/Energ%EDa--7/Emisiones%20de%20CO2%20per%20c%E1pita--97/index.html)

 

Construirnos como ciudadanos climáticos incluye, por ende, participar, dialogar y exigir a los gobiernos, empresas y entidades internacionales que cumplan con los acuerdos globales y que se implementen políticas nacionales frente al cambio climático. Pero también significa comprometernos con nuestra cuota personal para generar una cultura climática de ahorro energético, hábitos ambientalmente saludables y uso de alternativas de vida adaptables al cambio climático, entre otras muchas opciones. Eso sería actuar tanto en lo global como en lo local.

 

Capitalismo depredador: la fuente del cambio climático

 

Hoy el tema del cambio climático se ha instalado en las agendas mediáticas de Chile y el planeta. Ya no se discuten ni se objetan los fundamentos científicos que le dan sustento, aunque siempre hay quienes defienden sus intereses corporativos y tratan de desvirtuar la ciencia climática y morigerar su impacto.

 

No obstante, en el tratamiento público de su diagnóstico hay un tema nodal que pasa desapercibido o simplemente se le trata de subsumir en otros: las causas profundas de este fenómeno.

 

El cambio climático es la expresión condensada de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción de la modernidad y postmodernidad contemporáneas. A distinción de otros grandes temas ambientales, éste resume pristinamente en sí mismo las contradicciones insalvables de un capitalismo depredador del capital humano y del capital natural. Al llevar la acumulación de capital a su máxima expresión la expoliación de los recursos económicos, este sistema pone en riesgo inevitable la sobrevivencia no sólo de los actores productivos involucrados, sino del planeta en su conjunto. Al hacer un uso intensivo y extensivo de los combustibles fósiles como fuente energética y principales emisores de gases invernadero, este modo de crear bienes y servicios ha colocado en riesgo a toda la humanidad.

 

Esta contradicción vital se convierte, por tanto, en una contradicción transversal en la medida que atraviesa y afecta a todas las esferas de la vida de nuestras sociedades: el medio ambiente, la economía, la sociedad civil, la política, la cultura y la ciencia en su conjunto. Hoy por hoy no hay empresario, político, ciudadano o científico que honesta y conscientemente se pueda sentir lejano, extraño o ajeno a este tema. Todos estamos involucrados, querámoslo o no. Y si aún hay resistencia a aceptarlo y asumirlo, más tarde o más temprano todos lo haremos, debido a que su núcleo es la sobrevivencia o no de nosotros mismos y las generaciones futuras.

 

La razón de esta resistencia, indiferencia o inacción es obvia. Temas universales y complejos de este tipo van extendiendo su comprensión consciente en el mundo público, privado y social de manera desigual y diferenciada. El conocimiento científico aún no se ha traducido suficientemente en un conocimiento masivo y en un lenguaje ciudadano que permita acelerar este proceso cognitivo.  No se ha convertido aún en opinión pública. El debate y las iniciativas para su educación y difusión, recién están larvándose.

 

Por tanto, la estrategia contra el cambio climático debe considerar medularmente el núcleo central que lo ha ocasionado, desde la revolución industrial a la fecha. Es decir, se trata de una estrategia que, finalmente, debe imponerse como interpeladora y severamente crítica al sistema socioeconómico que ha predominado en el mundo como alterador del clima y generador de la inequidad y vulnerabilidad que todos conocemos. De no adoptar esta perspectiva, estaremos simplemente reeditando en materia climática las mismas fórmulas reformistas inviables con las que se ha maquillado la pobreza de nuestra gente.

 

Tiene razón el ex presidente Ricardo Lagos cuando dice que el tema del cambio climático es un tema político. Porque en definitiva son los decidores de las políticas públicas los que finalmente tienen la capacidad de generar las agendas, normativas y planes específicos para mitigar y adaptarse al cambio climático en cada país, región y planetariamente. Pero no sólo es político. Es también un tema económico que debe considerar la reestructuración de los sistemas productivos, matrices energéticas, modalidades de consumo y organización territorial del hábitat. Y allí está el meollo o el quid del asunto, porque está en cuestión el modelo neoliberal al que algunos apuestan como la panacea a nuestro sufrimiento y subdesarrollo.

 

Tiene razón Al Gore cuando dice que el tema del cambio climático es un tema moral y ético. Porque en definitiva se trata de un tema acerca del sentido y futuro de nuestra humanidad. Pero, precisamente por ser un tema ético, requiere de coherencia. Si una estrategia climática realmente pretende abordar de raíz el tema del cambio climático, no puede apelar a remedios que podrían ser peor que la enfermedad o, en el mejor de los casos, paliativos anestésicos. Porque, en rigor, los biocombustibles, tan preciados por el señor Al Gore, podrían provocar similares emisiones de gases invernadero, calamidades tóxicas, alteraciones transgénicas y, sobre todo, modificación de la estructura agrícola con severo impacto en las reservas alimentarias del planeta.

 

Finalmente, cuando hablemos y diseñemos una estrategia y planes que contemplen la densidad y la transversalidad ambiental, socio-económica, política y cultural del cambio climático, podremos entonces, al decir del señor Al Gore, convertir esta crisis planetaria en una oportunidad de transformación. Hoy, es imprescindible oponer a la crisis global, una estrategia integral.

 

Y si de transversalidad hablamos, entonces, por cierto estamos también hablando de voluntades políticas inclusivas en donde estén todos los que tienen que estar: ciudadanos, gobiernos y actores económicos. No hay agendas climáticas eficaces si no se establecen estrategias y planes en donde cada uno de ellos se involucre consciente y activamente. No hay salida posible si esta crisis climática no la transformamos en una oportunidad de cooperación transversal que contribuya a nuevas formas de gobernanza ambiental. Es más, no hay desafío global que no tenga un decisivo tratamiento local.

 

 

Agradecemos a la División de Organizaciones Sociales, DOS, del Ministerio Secretaría General de Gobierno el apoyo que nos ha brindado para la ejecución de este manual ciudadano y del proyecto sobre cambio climático. Sin ello no hubiera sido posible disponer de este material y de este proceso de participación ciudadana en este candente tema actual.

 

Agradecemos asimismo, a las organizaciones ciudadanas co-ejecutoras, a las autoridades y expositores de los temas especializados en cambio climático y a todos los ciudadanos y ciudadanas que participaron activamente en la generación de capacidades sociales y los espacios de diálogo e información sobre el cambio climático en sus respectivas regiones.

 

Agradecemos, del mismo modo, al Instituto de Ecología Política y a su director Manuel Baquedano la disposición de comprometerse con esta iniciativa ciudadana, su visión estratégica en este tema y su crucial apoyo institucional para el éxito de este proceso.

 

Finalmente, agradecemos a Mónica Rodríguez, la autora de este texto y a todo el equipo que desde diversas actividades han apoyado el desarrollo de este proceso ciudadano en la esfera del cambio climático: Ignacio Almonacid, José Altamirano, Ivonne Almazábal, Rosa María Moreno, Cristian Arismendi, Manuel Cortés, Cristian Villarroel, Anna Karin Gauding, Richard Pacheco, Juan Miranda y Marcelo Miranda.

 

 

Reflexiones sobre Gestión Climática Local a Nivel Ciudadano (II)

Reflexiones sobre Gestión Climática Local a Nivel Ciudadano (II)

Santiago, Lunes 26 de mayo de 2007, por Luis Alberto Gallegos, Editor Boletín GAL.- En Chile la información, conocimiento y diálogo sobre el cambio climático están aún limitados al ámbito académico, científico y gubernamental. Hay un vacío informativo que, en un lenguaje comprensible, acceda al nivel de la ciudadanía. La gente sencilla aún no logra tener acceso a tecnicismos y cientificismos de la esfera académica y oficial. Aún falta "traducir" el lenguaje científico climático, en una versión de lenguaje ciudadano.

Si ello ocurre en la esfera de los códigos de conocimiento, mucho menos acceso e incidencia tiene aún la ciudadanía a las políticas públicas sobre el cambio climático. La participación requiere estar informada y ser consciente.

La incidencia ciudadana en el tema del cambio climático, podría hacer más eficaz la gestión de agendas climáticas en los ámbitos locales, regionales y nacionales. La ciudadanía tiene un aporte que brindar a la estrategia de gobernabilidad climática y a los planes de adaptación al cambio climático en cada país. Por tanto, es indispensable informar y educar a la ciudadanía y promover su participación activa en la gestión de políticas públicas para la adaptación al cambio climático.

Impacto del cambio climático en Chile

Según la Comisión Nacional para el Medio Ambiente de Chile, CONAMA, en su documento "Amenazas y Oportunidades para Chile, ESTRATEGIA NACIONAL DE CAMBIO CLIMÁTICO 2006", la temperatura superficial global promedio de la atmósfera aumentó en 0.6°C durante el siglo 20. Las proyecciones y consecuencias serán cambios en la temperatura superficial de la atmósfera de 1.4 a 5.8°C y en los patrones de precipitación para los próximos 100 años. Debido a ello, habrá aumentos en el nivel del mar entre 8 y 88 cms; intensificación de eventos climáticos extremos (fuertes precipitaciones, inundaciones, olas de calor y sequías). Asimismo, habrá derretimiento de glaciares, erosión de bordes costeros, la aparición explosiva de pestes, daños en cultivos y en la biodiversidad, déficit del recurso hídrico y búsqueda de nuevas formas de energía.

La vulnerabilidad de Chile se debe a que tiene zonas costeras bajas; zonas áridas y semiáridas; áreas susceptibles a la deforestación o erosión, a los desastres naturales, a la sequía y la desertificación; áreas urbanas altamente contaminadas, y ecosistemas frágiles. Los estudios nacionales proyectados al 2040 indican la intensificación de aridez en zona norte, avance del desierto hacia el sur, reducción hídrica en zona central y aumento de precipitaciones al sur.

Desafíos ciudadanos

La CONAMA señala además que, entre otros, los principales desafíos de Chile en esta materia es difundir en la ciudadanía la problemática del cambio climático y desarrollar tres ejes de una Estrategia Nacional de Chile frente a este fenómeno: 1) Adaptación a los Impactos del Cambio Climático; 2) Mitigación de las Emisiones de Gases de Efecto Invernadero; y 3) Creación y Fomento de Capacidades en Cambio Climático.

Dentro de este último eje, un objetivo central de esta estrategia es difundir el cambio climático y crear conciencia en la ciudadanía; fomentar la educación e investigación; generar información de calidad y accesible para la toma de decisión; y desarrollar capacidades institucionales para la mitigación y adaptación.

En esta perspectiva, es desafío clave a nivel de la sociedad civil, es generar formas inclusivas en la Estrategia Nacional de Adaptación al Cambio Climático, creando en la ciudadanía redes sustentables de educación, información, asociatividad y participación activa en las agendas y políticas públicas ambientales regionales y locales:

  • Se debe formar y capacitar líderes sociales y ambientales en el conocimiento técnico-científico.
  • Se debe avanzar en la constitución de mesas de trabajo con actores ciudadanos, económicos y de gobiernos locales con el fin de analizar las consecuencias y la adaptación al cambio climático.
  • Se debe construir redes ciudadanas sustentables a nivel comunal, intercomunal e interregional, que participen activamente en las estrategias, agendas públicas locales, planes y acciones de adaptación al cambio climático.
  • Se debe crear sistemas masivos -de alto impacto e interacción-, de información y comunicación ciudadana sobre el cambio climático.
  • Finalmente, se debe organizar campañas educativas que promuevan una nueva cultura climato-energética y nuevos hábitos de adaptación al cambio climático.

Redes ciudadanas

La adaptación al cambio climático es centralmente social y ciudadano -particularmente en los más pobres-, por que allí reside la mayor vulnerabilidad. Por ende, es preciso fortalecer el protagonismo de la sociedad civil dentro de las acciones asociativas sobre este tema. El actor ciudadano requiere socializar en su propio lenguaje el conocimiento técnico científico sobre el cambio climático. Requiere dotarse de formas modernas de cooperación y asociatividad en red. Y, sobre todo, requiere de la capacidad de incidir en las decisiones de las políticas públicas y en las agendas locales y regionales vinculadas al cambio climático.

Todo ello demanda de fortalezas ciudadanas propias y autónomas. Hay que privilegiar la construcción de redes ciudadanas sobre cambio climático, tanto en forma presencial (talleres, encuentros, actos públicos, campañas, agendas y compromisos, etc.) como también en forma virtual, es decir, conectadas vía Internet. Redes sustentables mediante la participación interactiva, en donde las decisiones sean horizontalmente colaborativas y no verticales o impuestas. La sustentabilidad de una red ciudadana se expresa y consolida en la medida que las decisiones ciudadanas son tomadas en cuenta y los ciudadanos tienen la fortaleza suficiente para hacerse oír y participar en las agendas locales.

El Estado tiene no sólo la potestad sino la obligación de fomentar estas formas de participación ciudadana en torno a un tema considerado de gravedad global y local. Formas, entre diversas, podemos ejemplificar:

  • Crear fondos concursables a proyectos innovadores en adaptación al cambio climático para organizaciones socio-ambientales;
  • Instalar botones de información sobre cambio climático en los portales de ministerios, municipalidades y los diversos servicios públicos;
  • Incorporar la variable del cambio climático en las consideraciones de políticas públicas, semejante a las variables de paridad de género, equidad socio-económica y respeto a los derechos humanos;
  • Incentivar el acceso de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) al mercado del carbono.

Gobernanza climática

La gobernanza climática es, en rigor, el componente político del proceso de adaptación al cambio climático. Cada mesa de trabajo de gobernabilidad climática es una alianza amplia con participación de las organizaciones ciudadanas, los representantes de gobiernos locales y el empresariado local. Es voluntad política, ahora.

Estas mesas de trabajo asociativas constituyen una forma de gobernanza con el fin de analizar las consecuencias del cambio climático, así como elaborar agendas públicas locales y planes para cada sector sobre la adaptación a dichos cambios. Su peculiaridad se expresa en que cada sector coloca sobre la mesa, sus intereses y estrategias específicas respecto al cambio climático, en lo local y regional. Del mismo modo, su fortaleza radica en que esta alianza se manifieste y sostenga en Actas de Compromisos y Agendas Locales comunes respecto al cambio climático. No son simples declaraciones formales o buenas intenciones. Son acuerdos de acciones concretas comunes y asociativas para adaptarse a este fenómeno a nivel local y regional. Son mesas básicamente operativas y con capacidad de incidir en decisiones públicas sobre cambio climático.

¿Qué podemos hacer como ciudadanos frente al cambio climático?

En abril del 2005, a propósito de un seminario en Santiago de Chile, hacíamos las siguientes reflexiones que consideramos aún vigentes:

Si nos quedamos sólo con la información parcial de las cifras macro de emisión de gases de efecto invernadero (GEI) de las grandes industrias, corporaciones y países, lo más probable es que arribemos también a conclusiones parciales. Es obligación de los gobiernos, las empresas, las instituciones globales y las organizaciones ambientales hacerse cargo de estas cifras macro, e implementar políticas y estrategias nacionales y globales que enfrenten el cambio climático. Ese es uno de los principales objetivos del Protocolo de Kioto.

No obstante, esa no es toda la realidad. La otra parte de la verdad, en las cifras micro, es que cada uno de nosotros cotidianamente también somos responsables de nuestras cuotas de emisión. Por tanto, debemos hacernos cargo de esa parte de la verdad. Tenemos el derecho a vivir en un ambiente saludable, y también tenemos el deber de contribuir como individuos a mejorar nuestra calidad de vida. No podemos excluirnos de nuestro propio papel en la gestión ambiental local y global.

Construirnos como ciudadanos climáticos incluye, por ende, participar, dialogar y exigir a los gobiernos, empresas y entidades internacionales que cumplan con los acuerdos globales y que se implementen políticas nacionales frente al cambio climático. Pero también significa comprometernos con nuestra cuota personal para generar una cultura climática de ahorro energético, hábitos ambientalmente saludables y uso de alternativas de vida adaptables al cambio climático, entre otras muchas opciones. Eso sería actuar en lo global y en lo local.