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Luis Alberto Gallegos

Copenhague: El partido a punto de empezar

Santiago, Chile, miércoles 2 de diciembre de 2009, por Luis Alberto Gallegos, editorial de Boletín GAL.- Desde hoy iniciaremos una sección especial sobre la Cumbre de Copenhague, a efecto de poder informar acerca de un evento cuyos acuerdos tienen implicancias globales y locales. La ciudadanía de Chile y América Latina no puede estar fuera de esta Cumbre que marcará la calidad de vida y la propia existencia de la humanidad global y local.

 

El Boletín GAL invita a sus lectores a publicar opiniones, cartas, notas, artículos y otras informaciones en esta sección. La participación ciudadana en torno a esta Cumbre es importante. Sus opiniones son bienvenidas.

 

¿Quiénes deciden en Copenhague?

 

Aunque la ciudadanía deseara otra situación, lamentablemente quienes tienen las decisiones en sus manos son principalmente los EEUU y China, quienes, a su vez, son los mayores emisores de gases de efecto invernadero del planeta.

 

Los países en vías de desarrollo o los No miembros del Anexo 1, tienen poca capacidad de acción, pero pueden realizar propuestas, emplazamientos e incluso dar “golpes de mesa”, del mismo modo como lo hizo África en Barcelona. Ahora lo pueden hacer, si se lo proponen, América Latina, África y los países en situación de riesgo de extinción como Tuvalu y las Maldivas.

 

Hoy se juega en Copenhague el primer tiempo de un partido clave: la sobrevivencia del planeta. El segundo tiempo podría ser en diciembre de 2010 en México, o quizá más adelante.

 

Los EEUU han tratado de mostrar que el presidente Barack Obama se encuentra “atado de manos” ante la aún inexistente ley de cambio climático que el Senado norteamericano probablemente aprobará a principios o mediados de 2010. Sin embargo, pareciera que Obama pudiera tener esa excusa para apenas adoptar lo que en Alemania se ha considerado como “ridículo” de comprometerse a apenas un 17% de reducción de emisiones.

 

China, por su parte, ha indicado que podría estar en condiciones de reducir sus emisiones a un 20%, pero sujeta a lo que ha denominado la “intensidad energética”, un cálculo de emisiones sujeta a la unidad de su producto interno bruto, PBI. Algunos, huelen a trampita…

 

La Unión Europea se ha manifestado éticamente sólida y firme con su compromiso de reducir en 20% las emisiones para el 2020, en relación a 1990. No obstante, luego de haber liderado el proceso previo a Copenhague, ha debido admitir que los EEUU y China son los grandes decidores. A menos que Alemania diga lo contrario en plena Cumbre. Japón, comprometido a una reducción de un 20% de sus emisiones, está sujeto a lo que finalmente definan los EEUU.

 

Los acuerdos

 

Es casi una “crónica anunciada” que la Cumbre de Copenhague no emitirá un acuerdo vinculante. No hay acuerdo en torno a voluntad y decisiones políticas, ni a cifras de reducción de emisiones, ni a números de financiamiento que los países desarrollados se comprometan a apoyar a los países en vías de desarrollo para la adaptación.

 

Lo más probable es que en Copenhague se firme un primer acuerdo político de buenas intenciones de los países desarrollados o miembros del Anexo 1, con la adición de los países No miembros del Anexo 1. Tampoco habría la certeza o garantía de que en la Cumbre Ambiental de diciembre de 2010 de México, se pueda suscribir un acuerdo vinculante, tal como la ONU confía con esperanza. Quizá incluso en Ciudad de México, también se suscriba otro acuerdo político de buenas intenciones número dos.

 

Hay tantos intereses corporativos, económicos y geopolíticos en juego, que a estas alturas del partido, nadie puede poner sus manos al fuego de que en un año más, el cambio climático será definitivamente refrendado con un pacto irreversible y de largo plazo por las naciones involucradas.

 

Lo más razonable es pensar es que Copenhague –y quizá México- sean “cumbres de tránsito o provisorias”. Con esperanza, confiamos en que la sensatez de los líderes mundiales les permita adoptar definiciones entre el 2011 y el 2012, plazo en que expira el protocolo de Kioto.

 

Chile

 

Chile hasta el momento no se ha definido con cifras. Aunque hay que admitir que sí lo ha hecho con voluntad y decisiones políticas.  Y tampoco se ha definido –por lo menos que haya trascendido a los medios y la opinión pública-, con alianzas clave para esta Cumbre.

 

La lectura del escenario señalado nos indicaría que Chile probablemente se incline a afianzar alianzas con Brasil y México. Con Brasil debido a que ha sido el país –a contramano de todas les expectativas-, que ha optado por cifrar su reducción de emisiones entre 36 y 39% para el 2020. Lo que, en efecto, constituye una meta ambiciosa. Con México, porque ha sido el país que se la está jugando –aún sin definir cifras ni formas de operar-, por lo que ha denominado un Fondo Verde, que sería una modalidad de permitir el financiamiento de los países desarrollados a la adaptación de los países en desarrollo. En realidad, África ya lo ha venido exigiendo con firmeza, como una manera de pedir una indemnización por la deuda ambiental y climática de los países desarrollados.

 

Chile debe negociar en la Cumbre. Y es probable que lo haga con sus pares latinoamericanos a efecto de que América Latina tenga una sola voz común. En el área chica, la división o discordancia de los países más afectados y vulnerables al cambio climático, en estas circunstancias, no sirve. Sería meterse un autogol.

 

Habría que generar una solidaridad y colaboración regional con los países del Sistema de Integración Centroamericana, SICA, y que también incluya a África, en pos de una justicia climática que los países en vías de desarrollo deberían plantear desde un principio a los países industrializados responsables de las mayores emisiones de GEI y, en definitiva, los grandes causantes del presente cambio climático.

 

La ciudadanía

 

Las organizaciones ciudadanas, tanto en Copenhague como en cada uno de sus países de origen, podrían tener también sus propias líneas de acción.

 

Habría que denunciar ante la opinión pública a los grandes emisores de GEI planetarios. Son los grandes responsables de tener al planeta pendiendo de un hilo en cuanto a su sobrevivencia. Tal como lo señala el presidente de las Maldivas, estos emisores industrializados son los grandes violadores de los derechos humanos y ambientales del planeta.

 

Habría que exigir un tribunal internacional que trabaje por la justicia climática y que pueda emitir sanciones éticas a los gobernantes que se resistan a mitigar sus emisiones o coloquen obstáculos para financiar la adaptación a los países pobres y que cargan con los mayores impactos y vulnerabilidades al cambio climático.

 

Esta es quizá una acción global y local. Habría que sancionar éticamente la inacción, el mutismo y la lentitud en la adopción de políticas públicas respecto al cambio climático. Las autoridades locales, regionales y nacionales, deben ser sometidas a la observancia, crítica, fiscalización ciudadana y la sanción moral y política para quienes sean negligentes con esta responsabilidad pública.

 

Finalmente, la ciudadanía también tiene su propia corresponsabilidad y sus propios compromisos en la mitigación, adaptación y generación de capacidades desde la gestión ambiental local. En primer término, la ciudadanía debe incidir con decisión en las políticas públicas nacionales, regionales y locales respecto al cambio climático. Es su deber y su derecho. Asimismo, los diálogos públicos, las audiencias, las prácticas innovadoras de Ecobarrios y la generación de Planes Locales de Cambio Climático, podrían ser, entre otras iniciativas, modalidades a replicar en diversos ámbitos.

Saludo de Fin de Año: El Copenhague de las potencias es pasado, la ciudadanía es el futuro

Santiago, Chile, miércoles 23 de diciembre de 2009, por Luis Alberto Gallegos, editorial Boletín GAL.-  Las fiestas de fin de año es una buena ocasión para reflexionar el año transcurrido y lo que nos podría deparar el próximo  2010.

En materia socio-ambiental y, porqué no, en materia político-climática, hemos tenido de miel y de hiel.

Lo malo

La ciudadanía global ha confiado y ha tenido demasiadas expectativas respecto a lo que los líderes de las potencias mundiales podían hacer. Y decepcionaron a todo el mundo.

Bali, Bonn, Copenhague no han sido sino palabras y más palabras. Discursos para engatusar a la gente. Los negocios y el PIB han primado. Los hechos lo demuestran. El mamotreto firmado por los cuatro amigos de Obama, lo ha registrado.

Una vez más la ciudadanía tiene que toparse contra la pared y darse cuenta a golpes –literalmente-, que en las clases gobernantes globales es poco lo que se puede confiar.

Ni las vanas esperanzas, ni las estrategias conciliadoras ni los diseños de “bisagra”, resultan eficaces para enfrentar el poder global de las potencias. Éstas sólo entienden de una sola forma, la misma que aplican a sus propios pueblos y a los pueblos del mundo en vías de desarrollo: a golpes.

Pero no de golpes de violencia ni de virtuales “golpes de estado” como el que los “los cinco” aplicaron en Copenhague, sino de golpes de conciencia, de verdad, de conocimiento, de sensatez. Golpes políticos y sociales que evidencien que la ciudadanía, tanto de los propios “5 países amigos”  que suscribieron el “acuerdo” como el del mundo global, están en otra dirección: la de preservar este planeta de la violencia de las emisiones de CO2 y de toda violencia de las calamidades que ello trae consigo.

Lo bueno

Al ciclo de discursos, palabrería y “buenas” intenciones de las grandes potencias, hay que contraponerles políticas climáticas contracíclicas.

Políticas contracíclicas que se han expresado por parte de la ciudadanía de mil formas: redes virtuales globales, desobediencia civil, presión a los propios gobiernos, movilización social, gestión local, vigilias, entre tantas otras.

Hoy, como pocas veces antes en nuestra historia ciudadana, hemos sido testigos de cómo la creatividad, la innovación y la nobleza de la gente es capaz de vencer al egoísmo, la indolencia y el fracaso de los llamados “grandes líderes”.

Hoy, la gente, consciente y movilizada, ha demostrado que tiene la capacidad de pensar con criterios propios, de actuar con estrategias independientes y conquistar logros universales para toda la humanidad.

Esto es lo que, a veces, los medios de comunicación no rescatan. Éstos resaltan el fracaso y destacan sesudos análisis de porqué fracasó la cumbre, pero no se percatan que este fracaso es de la clase política global. La ciudadanía no ha fracasado. Aún no ha dado su última palabra. El fracaso es de quienes gobiernan globalmente el planeta y de quienes siguen encandilados en sus discursos.

Tampoco los medios se percatan que es la ciudadanía la que ha avanzado en la conquista de logros concretos. Mucho, pero mucho más concretos que el pueril “acuerdo de los 5”. Ha avanzado en encontrar formas de lucha nuevas, de organizarse, de conectarse, de usar las TIC, de convocar a las comunidades, de poner el tema del cambio climático en las agendas, de establecer amplias alianzas políticas, entre otras.

Pero, sobre todo, la ciudadanía ha avanzado en adquirir nuevos conocimientos científicos sobre el cambio climático. Como nunca antes, la ciudadanía se ha dotado para su lucha de conocimiento científicos ambientales precisos, de argumentos sólidos, de fundamentos irrebatibles de las ciencias exactas. Esto es lo que quizá en otras esferas de la lucha ambiental no se había manifestado hasta ahora. Quizá se deba por tratarse de un tema global y por haber un sinnúmero de investigaciones científicas del IPCC e instituciones académicas y expertos dedicados al tema. También es posible a que la globalidad del tema y sus impactos, se hayan complementado con la globalidad de las TIC.

El futuro

Decíamos en otro editorial de este Boletín –del 18 de diciembre pasado-, que el futuro sólo nos depara la lucha.

Lucha por la preservación del Planeta, por la sobrevivencia de la humanidad, por la solidaridad con Tuvalú, Maldivas, los países insulares y los pueblos africanos. Lucha por que nuestra gente, del ámbito local, barrial, comunal y familiar, no sea expuesta a los graves riesgos del cambio climático.

Por eso es que les dedicamos hoy a nuestros lectores para el 2010: luchar por lo que los “líderes globales” no han sido capaces de defender, la Vida del Planeta.

Bolivia, Bonn y México son nuestros hitos para 2010.

Bolivia porque el presidente Morales ha convocado a una Conferencia Mundial del Clima para abril. Bonn porque hay una cumbre allí de los “grandes” en junio. Y México porque en diciembre se debe volver a negociar un acuerdo global.

Esa es la agenda global del 2010 ante la que hay que crear y presentar como alternativa una agenda ciudadana propia.

¿Qué hacer?

Los contenidos de la propuesta ciudadana están claros:

-Acuerdo jurídicamente vinculable para los países desarrollados y emergentes y voluntario para los países en vías de desarrollo.

-Reducción de las emisiones de los países desarrollados entre un 20% y un 30% para el 2020, respecto a los niveles de 1990.

-Límite de incremento de la temperatura planetaria a no más de 1,5ºC hasta el 2020.

-Aporte de los países desarrollados de lo que ONU considera necesario: 10 mil millones de dólares entre 2010 y 2012 y a partir del 2020, 300 mil millones de dólares anuales para adaptación de los países en vías de desarrollo.

-Transparencia de todos los países para la fiscalización de la ONU al cumplimiento del acuerdo en cuanto a recorte de emisiones y entrega de fondos para la adaptación.

Esta propuesta implica que no sea el Banco Mundial el administrador de los fondos de adaptación, sino un organismo independiente especialmente creado por la ONU para tales efectos, con equidad representativa. Asimismo, contempla que un organismo de la ONU sea el fiscalizador de la reducción de emisiones y que, con transparencia, se informe e informe acerca del cumplimiento de los acuerdos por cada país.

No obstante, paralelamente a los mecanismos oficiales de la institucionalidad de la ONU, es preciso que la ciudadanía de cada país y a nivel global, tenga acceso y participación en este proceso.

La ciudadanía podría tener responsabilidades dentro de sus respectivos países, territorios y circunscripciones. Es lo que se denomina “fiscalización ciudadana”. Pero, también hay una ciudadanía global que principalmente, a través de las TIC, podría cumplir roles de fiscalizador global y también de convocante, movilizador y conductor de un movimiento climático planetario.

En este contexto, resulta apropiado crear un mecanismo de implementación de un Tribunal Climático Internacional, que pueda tener la capacidad y la autoridad ética de opinión, fiscalización y sanción de los países involucrados.

Copenhague es historia, es pasado. La historia clave para la humanidad respecto al cambio climático de esta época, se hace ahora.

Corresponde a los hombres y mujeres de buena voluntad definir su papel.

Ese es nuestro saludo y nuestra invocación para estas fiestas de fin de año y para el 2010.

Nuestros hijos y nietos, lo agradecerán.

Cambio climático y reforma de la ONU: Desafíos urgentes e interactuantes

Santiago, Chile, martes 5 de enero de 2010, por Luis Alberto Gallegos, editor Boletín GAL.- Copenhague no fue un fracaso. Fue la real y cruda muestra del nuevo escenario mundial y el indicio de cómo las potencias  -las viejas y las nuevas-, buscan resolver los conflictos globales.

Pero, también, podría ser una nueva señal de cómo la actual ONU va perdiendo credibilidad, eficacia, poder y capacidad de gobernabilidad.

La manera extra-institucional por la que los EEUU, China, India, Sudáfrica y Brasil optaron y decidieron imponer  su “acuerdo” a los 187 países restantes de la Cumbre de Copenhague, nos evidenciaría que quizá esa sea la forma de cómo las potencias hoy y en adelante “deciden” los grandes temas globales: al margen de la institucionalidad establecida y a contrapelo de las opiniones e intereses de los demás representantes internacionales.

Estas señales serían expresión de un proceso que algunos denominan la “globalización sin reglas”. (Nieto, 2005)

Una de las lecciones que nos dejaría Copenhague supera largamente el ámbito propiamente climático, y nos proyecta al escenario internacional de una nueva forma de resolución de conflictos en diversas materias: económico, político, seguridad, militar, geopolítico y ambiental.

El alerta a que esto nos conduce es que en Copenhague –considerando, además, las escasas reacciones de advertencia que se han suscitado- se habría afianzado un modo de resolución de conflictos que, en lugar de resolverlos, los agudiza. Y, con ello, se añaden ingredientes que acelerarían la inestabilidad, el desorden y finalmente la ingobernabilidad mundial. (Nieto, 2005)

La institucionalidad mundial, al parecer, ha llegado al límite de un tipo de gobernabilidad que no permite la plena satisfacción a las demandas de sus diversos componentes. Ni los EEUU, ni las potencias emergentes, ni los países en vías desarrollo, perciben que la arquitectura institucional de la ONU les sea funcional a sus intereses. Incluso, podría haber la sensación que este organismo ha resultado incómodo e ineficiente. Es más, no sería extraño que para algunas potencias establecidas o emergentes, la ONU se habría convertido en un estorbo.

Pero el tema es más de fondo.

La ONU tiene, a lo largo de su historia, severos condicionantes que le impiden gobernar con la democracia, eficiencia y equidad con la que sus líderes y los pueblos del mundo desearían. Pero, también es cierto que -dadas las particulares circunstancias en que se generó y evolucionó hasta hoy-, este organismo es lo mejor que los gobiernos del planeta han podido crear en materia de gobernabilidad mundial desde las dos guerras mundiales. Solo basta recordar el papel en las décadas recientes de la ONU en materia de derechos humanos, seguridad, desarrollo y de solución de conflictos en diversas zonas del mundo.

Pero, al parecer, hoy demanda una reestructuración drástica, si realmente debe abordar fenómenos tan graves y decisivos para la especie humana como lo es el cambio climático. Sobre todo, demanda reformas ante el surgimiento de nuevos actores y gestores de lobbies, como las corporaciones transnacionales -con mucho poder y enormes intereses en sectores clave como la energía, el agua y los recursos naturales-, que le disputan -con el aval de algunas potencias-, a los Estado-naciones, en particular de los países en vías de desarrollo, grandes cuotas de poder de decisión.

Mientras este complejo tema de reforma de la ONU esté en el debate, mientras esperemos se instale en las agendas de los gobiernos y los medios de comunicación y mientras dure este engorroso y lento proceso de reestructuración de la institucionalidad global, es posible que los plazos excedan en mucho las fechas-hito que Copenhague ha dejado en lista de espera para este año 2010: Junio en Bonn y diciembre en México.

Reformar la ONU podría ser mucho más difícil, burocrático y tedioso que las urgencias que imponen los plazos y metas del cambio climático. Requiere de inextricables y dilatados períodos de tiempo. Sin embargo, la hora actual impone que los gobiernos, irremediablemente, tarde o temprano, deban lidiar con ambos retos simultáneos en sus agendas: generar propuestas globales o regionales de acuerdos de mitigación, adaptación y transferencia tecnológico-financiera para enfrentar el cambio climático; y, al mismo tiempo, producir iniciativas de reformas institucionales globales a la ONU.

Desafíos nada sencillos, en esta época de una “globalización sin reglas”.

La responsabilidad por la estabilidad, el orden y la gobernabilidad global no depende solamente de las grandes potencias, como pareciera que los EEUU y sus cuatro socios han pretendido irrogarse en Copenhague al asumirse como los “gendarmes del cambio climático”. Esta responsabilidad es de todos, incluida la ciudadanía global.

Pero ello requiere también sus propios procesos, tal como lo habría entendido certera y perspicazmente el presidente de Bolivia, Evo Morales.

Al convocar a una Cumbre Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático, Morales ha colocado simultáneamente los puntos sobre las íes, respecto al tema del cambio climático y, paralelamente, en contribuir a descomprimir la tensión sobre la ONU. Pero, a su vez, coloca a su gobierno y a quienes le acompañen el 19 de abril en Cochabamba, en la enorme responsabilidad de generar voluntades, iniciativas y propuestas concretas en ambos sentidos: enfrentar el cambio climático con eficacia y compromisos serios, y proponer fórmulas que favorezcan la democratización global en la toma de decisiones de la ONU acerca de este tema.

Las circunstancias son propicias.

Antes y durante la Cumbre de Copenhague, la ciudadanía global, los pueblos africanos, los países insulares, como Tuvalú  y Maldivas, lograron un avance notable en su participación, movilización y diseño de propuestas acerca del cambio climático. Sus propuestas no se convirtieron en Acuerdos Vinculantes, pero se avanzó en levantar la voz, en sensibilizar a la opinión pública mundial y en establecer amplias alianza entre países y entre organizaciones de la sociedad civil.

Hay lecciones aprendidas y hay ideas. Muchas ideas. Como decíamos en otra nota, la ciudadanía esta vez se movilizó con sólidos argumentos científicos y con demandas concretas y razonables.

Bolivia puede ser en esta ocasión, el “puente” para elaborar propuestas a presentar en Bonn y en México, que incluyan a países de África, América Latina y la Unión Europea –siendo esta última postergada en Copenhague por el acuerdo de “Los Cinco”-.

Bolivia puede ser el escenario donde la organización de la ciudadanía global se rearme de voluntades, conocimientos y propuestas que se presenten, persuadan y presionen a sus respectivos gobiernos a efecto de involucrarlos en una plataforma democrática global que contribuya a desatar los “nudos gordianos” a los que se encuentra atada la ONU.

La Cumbre convocada por Bolivia necesita de “operadores”. Se requieren “bisagras” que viabilicen el proceso entre la sociedad civil y entre ésta y los gobiernos de los países con la voluntad de luchar por la sobrevivencia de la especie humana y contra el cambio climático.

Hoy, es hora de innovaciones, creatividad y de enfrentar los desafíos. Y parece que Bolivia en el Día de la Tierra (22 de abril) podría abrir nuevos senderos para destrabar el desbarajuste que “Los Cinco” dejaron en Copenhague.

No hay manera que la ONU resuelva positivamente el tema del cambio climático, si no es modificando en profundidad su arquitectura institucional, y en donde posibilite que, tanto las potencias desarrolladas como los países en desarrollo, puedan expresar y rubricar sus demandas en esta materia.

Quizá una fórmula sea no necesariamente un acuerdo de los 192 países, si no quizá de ir avanzando por segmentos de los países más emisores a los menos emisores; de los países más vulnerables a los menos vulnerables; acuerdos de los países que coinciden más en los cuotas de mitigación a los menos; compromisos de quienes están más dispuestos a apoyar financiera y tecnológicamente a los países en vías de desarrollo a los que tienen menos recursos.

Quizá el avance en un acuerdo sobre cambio climático, no se exprese en UN acuerdo único, si no quizá en varios acuerdos complementarios. Quizá avanzar en una democratización de las decisiones de la ONU se manifieste en diversas fórmulas que se complementen e integren en un sistema complementario global.

América Latina, del mismo modo cómo lo viene procesando África, debe asumir su propio rol. Brasil –uno de “Los Cinco”-, debería entender que actuar en materia del cambio climático sin la región o, por lo menos, sin los países clave de ella, sólo conducirá a su aislamiento.

En América Latina, hoy es la hora de la concordia en esta materia. Los demás países, incluido Chile, tienen un reto fundamental en esta materia. Y la ciudadanía regional y global, tiene la palabra.

Bolivia nos espera el 19 de abril para abrir un nuevo período en el enfrentamiento al cambio climático. Los resultados de Bonn en junio y México en diciembre, deberían ser muy distintos a lo ocurrido en Copenhague. De los gobiernos sensibles, de la gente movilizada en cada país y de la ciudadanía global depende de los resultados.

Breve balance del Boletín GAL en el 2008 y sus desafíos para el futuro

Santiago, jueves 22 de Enero de 2009, por Luis Alberto Gallegos, Editor.- El boletín GAL es uno de los productos de los proyectos GAL II y GAL III de la CONAMA RM y el IEP mejor posicionados en cuanto a su incidencia en agendas, cobertura periodística, pluralidad, cobertura de difusión, visibilidad pública, puntualidad y regularidad.

 

Estas características, reiteradas en las diversas encuestas y evaluaciones a las que se le ha sometido en los talleres y eventos, apuntan a considerar a este medio de comunicación como un efectivo instrumento de información para la gestión ambiental local.

 

Sus aciertos

 

El boletín GAL se ha constituido en una herramienta indispensable para muchos segmentos de actores decidores de las políticas públicas, ciudadanas y privadas del medio ambiente. Es probable que en Chile y América Latina existan pocos medios con antecedentes similares a los de este medio de comunicación. Ha llenado un vacío periodístico ambiental y se ha convertido en un referente e insumo informativo para el ordenamiento de algunas agendas y decisiones en los temas ambientales relevantes.

 

Sus debilidades

 

La principal debilidad del Boletín GAL es su escasa retroalimentación con sus usuarios. Existe un alto número de lectores y lectoras, aunque su función es casi exclusivamente en el rol de receptores y muy excepcionalmente de emisores. Es decir, no se cumple con el doble papel en la comunicación de receptor-emisor. Ello revierte en el insuficiente uso del Boletín GAL como instrumento de visibilización de las experiencias de gestión ambiental local, tanto de las comunas y barrios, como del proyecto GAL III. Y, también, en la débil interacción entre sus actores.

 

Este primer hecho redunda en que la construcción de las 37 redes comunales del proyecto GAL III no se han activado lo suficiente como para ser actores protagónicos de los espacios del Boletín GAL. Las redes presenciales y virtuales en donde este medio se ha instalado, no juegan un papel lo suficiente activo como apropiarse de este espacio y darle un uso de acuerdo a sus propios intereses y perspectivas ciudadanas.

 

En este sentido, si bien es cierto que el boletín GAL es un componente de la web www.galrm.cl y se inscribe en el formato de la denominada Web 2.0 o Web de Redes o Web Social, este rol no lo ha cumplido a cabalidad. Ha sido un instrumento unidireccional en su operatividad y no precisamente lo que debería ser su vocación y método: ser bidireccional.

 

Para entender estas falencias hay tres razones. Una primera es percatarnos que la sociedad civil y la ciudadanía ambiental de la Región Metropolitana –principal territorio en donde se afinca el Boletín- es muy débil en su actuación y organicidad. Y sus opciones de acción dejan poco margen para una actuación comunicacional en los términos que el Boletín GAL requiere.

 

Una segunda es por no haber potenciado suficientemente una plataforma tecnológica basada en las TIC, que posibilite accesibilidad, amigabilidad y motivación suficiente para promover esta participación de los usuarios. La plataforma del sistema GMAIL es útil y agradecemos enormemente su acceso, pero no es suficiente para los fines aquí propuestos. La propia plataforma del portal www.gmail.cl es insuficiente para ello.

 

Finalmente, una tercera razón es el débil y escaso equipo humano que produce periodística y tecnológicamente el Boletín GAL, debido principalmente a escasos recursos y a la dependencia de este medio de proyectos del IEP, CONAMA RM y la Unión Europea.

 

Sus desafíos para el futuro

 

Uno cuantitativo, es incrementar su cobertura de distribución a los 50 mil usuarios a fin de incorporar a muchos ciudadanos con o sin acceso a las Tecnologías de la Información y Comunicación, TIC, mediante campañas de suscripción gratuitas y a través de la creación de una versión radiofónica del boletín GAL para los medios comunitarios y locales de radioemisoras de la Región Metropolitana, en particular en sus zonas rurales.

 

Una vertiente de esta última posibilidad es la de poder producir programas semanales resumidos que puedan ser instalados en el portal del proyecto, www.galrm.cl  y desde allí escuchados o descargados para usuarios individuales o radiofónicos. Es decir, se trata principalmente del desafío de crear el Boletín GAL en Radio.

 

Una propuesta interesante que se nos ha hecho llegar es la posibilidad de generar una versión del Boletín GAL dirigido para los niños y jóvenes: Boletín GAL Infantil. Considerando que su formato actual está dirigido al mundo adulto y en consideración de que la información y educación ambiental debe ser impartida en la esfera de la educación formal y no formal, esta iniciativa propuesta es brillante. Es una extraordinaria idea que se considerará en este año 2009.

 

Un segundo desafío es cualitativo y tiene que ver con el poder generar sus propias informaciones de carácter local, nacional o global, a través de la generación de una amplia y pluralista Red de Reporteros, Corresponsales y Colaboradores: Boletín GAL en Red. No es suficiente con que los usuarios y usuarias de este medio se hayan conformado en receptores, también es necesario que se constituyan en emisores, que visibilicen sus experiencias, opiniones, propuestas, denuncias y debates en torno a los temas de la gestión ambiental local.

 

Este desafío es muy importante y clave. Hasta el momento, los insumos informativos del boletín GAL lo han constituido las fuentes periodísticas locales, nacionales y globales que, en forma seleccionada y jerarquizada, se recopilan y entregan a segmentos de lectores y lectoras exigentes en sus requerimientos informativos ambientales.

 

No obstante, es necesario que el boletín GAL se constituya en un medio ciudadano con una extensa y plural participación de todas aquellas personas que deseen publicar sus opiniones, comentarios, notas informativas, reportajes, ensayos, notas culturales y artísticas respecto a los grandes y pequeños temas de la vida y el desarrollo sustentable. Es decir, se trata de que el Boletín GAL sea apropiado por la propia ciudadanía ambiental para el uso de su propia gestión ambiental local.

 

Con la entrada en vigencia de la Ley 20.285 de Acceso a la Información Pública, este mes de abril próximo, se abren amplias posibilidades para que la ciudadanía ejerza su derecho a solicitar todo tipo de información –incluida la ambiental- a los servicios públicos. El Boletín GAL se puede constituir en un apropiado instrumento para facilitar este proceso, difundirlo, capacitar a la ciudadanía y una plataforma para socializar los requerimientos ciudadanos en cuanto  información pública.

 

Finalmente, una propuesta que también está en carpeta es la generación de una biblioteca virtual con la compilación de los 722 volúmenes del Boletín GAL. Desde hace cinco años que este medio se ha constituido en una plataforma de resumen y recopilación de informaciones ambientales locales, nacionales y globales, las cuales pueden ser material de consulta periodística, académica y ciudadana para diversos fines. Se trata de de organizar el Boletín GAL Biblioteca Virtual, que sistematice, clasifique e instale en el portal www.galrm.cl no sólo las 722 ediciones y siguientes, sino las ordene por orden temático y alfabético de fácil acceso.

 

Es de mencionar que el Boletín GAL en el mes de diciembre de 2008 ha recibido el Premio al Aporte en las Comunicaciones a la Sociedad Sustentable, otorgado por la Casa de la Paz en ocasión de la conmemoración de sus 25 años. Acto que se celebró en la sede de la CEPAL.

Las lecciones del proyecto GAL III: El Acceso a la Información Pública y la instalación de medios de comunicación ciudadanos

Santiago, jueves 22 de enero de 2009, por Luis Alberto Gallegos, editor Boletín GAL.- En octubre del 2007 empezó una iniciativa denominada Proyecto “Promoción de la Participación Ciudadana y Acceso a Información Ambiental en Comunas de la Región Metropolitana de Santiago”, o más conocido como el  Proyecto GAL III, en el marco del  Programa de Modernización del Estado: Un Estado Participativo al Servicio de la Ciudadanía (1).

 

Este proyecto contó con la ejecución de la Comisión Nacional de Medio Ambiente RM (2)  y del Instituto de Ecología Política (3), contando con el apoyo de la Agencia de Cooperación Internacional, AGCI (4), y la Unión Europea, UE (5). En este mes de diciembre 2008, este proyecto culmina.

 

Resultados

 

Este proyecto tuvo una cobertura de 37 comunas de la Región Metropolitana. Realizó 48 talleres y capacitó a 724 funcionarios municipales y líderes sociales en participación ciudadana y acceso a la información ambiental. Asimismo, se creó 37 redes comunales con los participantes de los talleres y una red regional global. Otros productos destacados de este proyecto son: el Boletín GAL con 722 ediciones publicadas al 22 de enero de 2009 y 25.162 lectores(as); y un portal o ventanilla única ambiental (6).

 

Luego de año y medio de ejecución se puede decir que este proyecto ha sido muy exitoso, ha superado las expectativas que se habían trazado y ha dejado lecciones y aprendizajes muy importantes para la gestión ambiental local.

 

Lecciones del proceso de capacitación en la Ley de Acceso a la Información Pública

 

En la línea de capacitación en el acceso a la información ambiental este proyecto fue pionero en la difusión y conocimiento municipal y ciudadano de la Ley 20.285 de Acceso a la Información Pública, promulgada el 11 de agosto de 2008 (7). Este tema, junto con los proyectos de Ley de Participación Ciudadana y Ley de Iniciativa Popular hoy en debate parlamentario, constituye una herramienta potentísima para la incidencia de la ciudadanía en las políticas públicas en el país. Y, por tanto, generó amplias expectativas en los participantes que, de inmediato, se interiorizaron a fin de conocer la forma del uso ciudadano de esta ley y el impacto que tendría su aplicación en los servicios públicos y en las municipalidades, particularmente en las Unidades de Medio Ambiente, UMA.

 

Hay numerosas lecciones que la gestión del proyecto GAL III nos deja en cuanto a la capacitación en la Ley de Acceso a la Información Pública. Destacamos dos claves.

 

Una. La ciudadanía va a utilizar amplia y masivamente esta normativa aunque probablemente de manera lenta. Además, es posible que la manera de su uso y la presentación formal de la solicitud de información requerida induzca a no ser tramitada debidamente y al surgimiento de dificultades en la entrega de la información pública solicitada. Ello debido a que la urgencia y prioridad de los problemas y conflictos socio-ambientales son de tal magnitud que la ciudadanía podría tender no a utilizar esta ley para solicitar la información requerida, sino a solicitar ya la solución del problema que le aqueja. Podría confundirse información con gestión. Las autoridades de los servicios públicos requeridos tendrán que ser muy cuidadosas en la atención de este tipo de solicitudes, a fin de no darlas por rechazadas por no ceñirse en rigor a lo establecido en la ley. Los rechazos por este tipo de causales podrían generar frustraciones en los ciudadanos solicitantes. También esta constatación nos hace visualizar que es prioritario y clave que el Consejo para la Transparencia (CT) –órgano ejecutor de esta Ley- deba difundir y capacitar masivamente a la ciudadanía en la utilización correcta de esta normativa.

 

Dos. Las municipalidades van a constituirse en la ventanilla preferencial de solicitud de información pública por parte de la gente. Ello debido a que es la autoridad o servicio público que está más cercano y más a la mano de la ciudadanía. Por tanto, no sería extraño que se generaran congestiones y “cuellos de botella” en la gestión de esta ley en este nivel. Eventuales colapsos debidos, además, a que las municipalidades no disponen de suficiente estructura administrativa, recursos humanos y financieros para hacerse cargo de esta inmensa tarea. En este sentido, el CT tiene razón al señalar que es muy probable que los servicios públicos apelen como causal de denegación total o parcial de acceso a la información requerido al inciso 1 del artículo 21 de la ley, al considerar que la solicitud “afecta el debido cumplimiento de las funciones del órgano requerido” (8). Esta situación supone que el gobierno deba disponer de reajustes financieros y estructurales en las normativas de procedimientos de las municipalidades y el CT deba brindarle prioridad a las municipalidades en la capacitación y difusión de los funcionarios públicos. Los funcionarios municipales acogen en general con beneplácito esta ley, por que son conscientes de la necesidad de la participación y acceso de la ciudadanía en la gestión pública. Aunque también se han evidenciado resistencias en algunos casos puntuales, nutridas probablemente por diferencias político-ideológicas con el ejecutivo.

 

Lecciones en la generación de medios de comunicación ciudadanos

 

Uno de los propósitos del GAL III era y es promover los medios de comunicación ciudadanos con contenidos ambientales y participación activa en la gestión ambiental local. En las comunas involucradas hemos constatado que, tanto en las comunas urbanas y rurales, la radio local es un poderoso instrumento de información y participación ciudadana. Le sigue el uso de Internet –mediante web, blog, emails y boletines electrónicos- y finalmente la prensa escrita y la TV local. Ello es lo que en el proyecto GAL III le denominamos diseño del Mapa De Capital Informativo Local.

 

Por ello es que en los módulos de capacitación técnico-prácticos poníamos énfasis en el aprendizaje para la producción de programas de radio y de redacción de notas informativas. En lo primero se capacitaba en guiones y libretos informativos ambientales, y en lo segundo en elaboración de artículos periodísticos ambientales para alimentar los medios electrónicos. Además, el paradigma de Laswell –que desarrollamos en los talleres- es útil no sólo para las comunicaciones y el periodismo, si no también para crear sistemas informativos básicos en la gestión política, municipal, social, empresarial, institucional y ambiental (9).

 

No obstante, una de las lecciones –si se le puede calificar así- es la débil institucionalidad y capacidad de recursos de este tipo de medios de comunicación ciudadanos. Las radios locales no dependen del mercado a diferencia de otros segmentos comunicaciones, “no se someten a la lógica del dinero ni de la propaganda las emisoras que así se denominan. Su finalidad es distinta, sus mejores energías están puestas al servicio de la sociedad civil. Un servicio, por supuesto, altamente político: se trata de influir en la opinión pública, de inconformar, de crear consensos, de ampliar la democracia. En definitiva -y por ello, el nombre- de construir comunidad” (10). Por ello es que si se requiere de estos medios para fortalecer la gestión ambiental local o para que la ciudadanía incida en las políticas públicas, es preciso que el Estado fortalezca su apoyo y reformule sustancialmente su política del fondo de medios (11). Asimismo, resulta imprescindible que el Fondo de Protección Ambiental de la CONAMA incluya la comunicación e información como una de las líneas de actividades a apoyar, como componente clave de la gestión ambiental local. (12).

 

Finalmente, dentro de este rubro es necesario destacar el papel del Boletín GAL que a la fecha dispone de 700 ediciones publicadas y con 25.162 lectores(as) diarios. Este medio fue premiado el jueves 27 de noviembre con un reconocimiento a su aporte a la Sociedad Sustentable por la Casa de la Paz en ocasión de celebrar sus 25 años de fundación (13).

 

Si bien el diseño original de este medio electrónico fue de constituirse en el eje articulador de las actividades de las redes locales y regionales del proyecto GAL II y GAL III, con el devenir de los acontecimientos su papel superó notablemente sus objetivos primigenios. Hoy el Boletín GAL se ha constituido en una herramienta necesaria para los gestores de políticas públicas ambientales tanto de algunas instituciones del Estado, privadas, municipales y ciudadanas. Además, es un referente de las agendas de algunos medios de comunicación y una tribuna de las actividades, denuncias, conflictos y opiniones ciudadanas sobre temas ambientales. En el contexto latinoamericano existen escasos boletines electrónicos diarios de este tipo: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA, (14), Foro Ecológico (15), Federación Nacional de Trabajadores del Agua Potable y Alcantarillado del Perú (16), Noticias do Meio Ambiente (17), entre otros.

 

El desarrollo del Boletín GAL lo ubica inexorablemente en el contexto de la experiencia de información tipo Web 2.0, es decir, de aquél uso de Internet que se define en red y de acuerdo a los requerimientos de los usuarios (18). La Web 2.0 “implica una participación más democrática de las aplicaciones en Internet, donde no basta que una persona lea noticias, sino que además las comente, participe, e incluso envíe sus noticias y propuestas. La idea es abrir el espacio a la formación de comunidades y enfocar los productos web en esa dirección. Ésto puede contribuir a la difusión de las propuestas sobre cambio climático en la medida de que estas herramientas sirvan a las pequeñas comunidades a aprender de estos temas y que ellos además puedan escribir, debatir e/o informar lo que sucede en su alrededor. Ésto, va más allá de los denominados "reporteros barrriales" sino que enfoca a cada usuario. Aquí la mentada comunidad pueden ser personas que incluso nunca se hayan visto, pero se reúnen porque comparten un interés en común” (19).

 

NOTAS

 

(1)       Ver: http://www.conama.cl/rm/568/article-43024.html

(2)       Ver: http://www.conama.cl/rm/568/channel.html

(3)       Ver: http://www.iepe.org/

(4)       Ver: http://www.agci.cl/que-es-agci/apuntes-destacados/noticias/modernizar-la-gestion-publica-en-beneficio-de-la-ciudadania/

(5)       Ver: http://ec.europa.eu/index_es.htm

(6)       Ver: http://www.galrm.cl/nweb_portal/site/index.php

(7)       Ver: http://www.bcn.cl/ley-transparencia

(8)       Ver:http://www.proacceso.cl/noticia/el_consejo_para_la_transparencia_se_prepara_para_implementar_nuevo_sistema_de_acceso_la_info

(9)       Ver: http://200.76.166.4/~cristobal/lasswell.doc  Laswell, Harold Dwight, Nació en Donnellson, Illinois, en 1902, hijo de un pastor protestante. Alumno aventajado de enseñanza secundaria, obtuvo una beca para estudiar sociología en la Universidad de Chicago, donde muy pronto mostró sus especiales dotes para la investigación y obtuvo el título de doctor a los 24 años (1926). Concluida la carrera, viajó al Reino Unido, donde estudió en la London School of Economics y también en centros académicos de París, Ginebra y Berlín. Se inició en la docencia en las Universidade Chicago, donde enseñó ciencia política (1922 a 1938), antes de trasladarse a la Universidad de Yale. Trabajó en el Institute for Propagande Anaysis (1937-1941), donde editó una revista mensual con numerosos trabajos de análisis de contenido sobre textos propagandísticos del período histórico de entreguerras. Publicó su primer libro a los 28 años (Psychopathology and Politics, 1930), antes de iniciar una etapa de investigación relacionada con la propaganda política y la comunicación masiva, que se tradujo un número sorprendente de títulos. En 1935 publicó World Politics and Personal Insecurity y Propaganda and Promotional Activities; un año más tarde, Propaganda and Dictatorship, temática que reiteraría en plena guerra mundial con Propaganda, Communication and Public Opinión (1946). En total, más de 30 títulos.
Sociólogo estadounidense. Se dedicó principalmente al estudio de la influencia de los medios de comunicación y de información de masas en el proceso de creación de la opinión pública, un tema clave para la sociología contemporánea en las sociedades industriales y postindustriales. Cientista político estadounidense, se doctoró en la Universidad de Chicago. Entre 1940 y 1945 trabajó en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, como jefe de la División Experimental para el Estudio de las Comunicaciones en Tiempo de Guerra. Su interés por la propaganda política lo llevó a preocuparse por los fenómenos de la comunicación. Fue uno de los más influyentes activistas de la necesidad de desarrollar investigación en materia de comunicación y cumplió un rol importante en poner en marcha la institucionalización de esos estudios. Formuló el conocido e influyente modelo de las 5 preguntas: A ¿Quién, dice qué, a quien, por qué canal, y con qué efecto? Otro rasgo de su obra fue la aplicación de los conceptos del psicoanalista Sigmund Freud a la comprensión de la conducta política.
Entre sus principales obras destacan: "Propaganda Technique in the Worl War" (1927); "Politics: Who gets What, When, How" (1936); y "Propaganda, Communication and Public Opinion (1946), con Smith y Casey).  Murió en Nueva York en 1978.

(10)    Ver  http://alc.amarc.org/index.php?p=Que_es_una_Radio_Comunitaria&l=ES  Manual Urgente para Radialistas Apasionados". José Ignacio López Vigil. 1997.

(11)    Ver: http://www.gobiernodechile.cl/viewFondosMedios.aspx?idArticulo=23000

(12)    Ver: http://www.fpa.conama.cl/

(13)    Ver Boletín GAL Nº 691 del lunes 1 de diciembre de 2008.

(14)    Ver: http://www.pnuma.org/informacion/noticias/2008-12/12/index.htm?fecha

(15)    Ver: http://1.bp.blogspot.com/_losf5-z0Meg/SUKbAbzjn6I/AAAAAAAACAE/9gzsX0Hq1aM/s1600-h/Banner+Bol+FE+Dic.jpg

(16)    Ver: www.fentap.org.pe

(17)    Ver: http://www.portaldomeioambiente.org.br/

(18)    Ver: http://www.maestrosdelweb.com/editorial/web2/  La Web 2.0 es la representación de la evolución de las aplicaciones tradicionales hacia aplicaciones web enfocadas al usuario final. El Web 2.0 es una actitud y no precisamente una tecnología. La Web 2.0 es la transición que se ha dado de aplicaciones tradicionales hacia aplicaciones que funcionan a través del web enfocadas al usuario final. Se trata de aplicaciones que generen colaboración y de servicios que reemplacen las aplicaciones de escritorio.

(19)    Ignacio Almonacid, periodista diseñador y constructor del portal del GAL III www.galrm.cl

 

REFLEXIONES SOBRE GESTIÓN CLIMÁTICA LOCAL A NIVEL CIUDADANO (II)

Santiago, miércoles 23 de mayo de 2007, por Luis Alberto Gallegos, Editor Boletín GAL.- En Chile la información, conocimiento y diálogo sobre el cambio climático están aún limitados al ámbito académico, científico y gubernamental. Hay un vacío informativo que, en un lenguaje comprensible, acceda al nivel de la ciudadanía. La gente sencilla aún no logra tener acceso a tecnicismos y cientificismos de la esfera académica y oficial. Aún falta “traducir” el lenguaje científico climático, en una versión de lenguaje ciudadano.

 

Si ello ocurre en la esfera de los códigos de conocimiento, mucho menos acceso e incidencia tiene aún la ciudadanía a las políticas públicas sobre el cambio climático. La participación requiere estar informada y ser consciente.

 

La incidencia ciudadana en el tema del cambio climático, podría hacer más eficaz la gestión de agendas climáticas en los ámbitos locales, regionales y nacionales. La ciudadanía tiene un aporte que brindar a la estrategia de gobernabilidad climática y a los planes de adaptación al cambio climático en cada país. Por tanto, es indispensable informar y educar a la ciudadanía y promover su participación activa en la gestión de políticas públicas para la adaptación al cambio climático.

 

Impacto del cambio climático en Chile

 

Según la Comisión Nacional para el Medio Ambiente de Chile, CONAMA, en su documento “Amenazas y Oportunidades para Chile, ESTRATEGIA NACIONAL DE CAMBIO CLIMÁTICO 2006”, la temperatura superficial global promedio de la atmósfera aumentó en 0.6°C durante el siglo 20. Las proyecciones y consecuencias serán cambios en la temperatura superficial de la atmósfera de 1.4 a 5.8°C y en los patrones de precipitación para los próximos 100 años. Debido a ello, habrá aumentos en el nivel del mar entre 8 y 88 cms; intensificación de eventos climáticos extremos (fuertes precipitaciones, inundaciones, olas de calor y sequías). Asimismo, habrá derretimiento de glaciares, erosión de bordes costeros, la aparición explosiva de pestes,  daños en cultivos y en la biodiversidad, déficit del recurso hídrico y búsqueda de nuevas formas de energía.

 

La vulnerabilidad de Chile se debe a que tiene zonas costeras bajas; zonas áridas y semiáridas; áreas susceptibles a la deforestación o erosión, a los desastres naturales, a la sequía y la desertificación; áreas urbanas altamente contaminadas, y ecosistemas frágiles. Los estudios nacionales proyectados al 2040 indican la intensificación de aridez en zona norte, avance del desierto hacia el sur, reducción hídrica en zona central y aumento de precipitaciones al sur.

 

Desafíos ciudadanos

 

La CONAMA señala además que, entre otros, los principales desafíos de Chile en esta materia es difundir en la ciudadanía la problemática del cambio climático y desarrollar tres ejes de una Estrategia Nacional de Chile frente a este fenómeno: 1) Adaptación a los Impactos del Cambio Climático; 2) Mitigación de las Emisiones de Gases de Efecto Invernadero; y 3) Creación y Fomento de Capacidades en Cambio Climático. Dentro de este último eje, un objetivo central de esta estrategia es difundir el cambio climático y crear conciencia en la ciudadanía; fomentar la educación e investigación; generar información de calidad y accesible para la toma de decisión; y desarrollar capacidades institucionales para la mitigación y adaptación.

 

En esta perspectiva, los desafíos clave a nivel de la sociedad civil, es generar formas inclusivas en la Estrategia Nacional de Adaptación al Cambio Climático, creando en la ciudadanía redes sustentables de educación, información, asociatividad y participación activa en las agendas y políticas públicas ambientales regionales y locales. Se deben formar y capacitar líderes sociales y ambientales en el conocimiento técnico-científico. Se debe avanzar en la constitución de mesas de trabajo con actores ciudadanos, económicos y de gobiernos locales con el fin de analizar las consecuencias y la adaptación al cambio climático. Se debe construir redes ciudadanas sustentables a nivel comunal, intercomunal e interregional, que participen activamente en las estrategias, agendas públicas locales, planes y acciones de adaptación al cambio climático. Se debe crear sistemas masivos, de alto impacto e interacción, de información y comunicación ciudadana sobre el cambio climático. Y, finalmente, se debe organizar campañas educativas que promuevan una nueva cultura climato-energética y nuevos hábitos de adaptación al cambio climático.

 

Redes ciudadanas

 

La adaptación al cambio climático es centralmente social y ciudadano, por que allí reside la mayor vulnerabilidad. Por ende, es preciso fortalecer el protagonismo de la sociedad civil dentro de las acciones asociativas sobre este tema. El actor ciudadano requiere socializar en su propio lenguaje el conocimiento técnico científico sobre el cambio climático. Requiere dotarse de formas modernas de cooperación y asociatividad en red. Y, sobre todo, requiere de la capacidad de incidir en las decisiones de las políticas públicas y en las agendas locales y regionales vinculadas al cambio climático.

 

Todo ello demanda de fortalezas ciudadanas propias y autónomas. Hay que privilegiar la construcción de redes ciudadanas sobre cambio climático, tanto en forma presencial (talleres, encuentros, actos públicos, campañas, agendas y compromisos, etc.) como también en forma virtual, es decir, conectadas vía Internet. Redes sustentables mediante la participación interactiva, en donde las decisiones sean horizontalmente colaborativas y no verticales o impuestas. La sustentabilidad de una red ciudadana se expresa y consolida en la medida que las decisiones ciudadanas son tomadas en cuenta y los ciudadanos tienen la fortaleza suficiente para hacerse oír y participar en las agendas locales.

 

Gobernanza climática

 

La gobernanza climática es, en rigor, el componente político del proceso de adaptación al cambio climático. Cada mesa de trabajo de gobernabilidad climática es una alianza amplia con participación de las organizaciones ciudadanas, los representantes de gobiernos locales y el empresariado local.

 

Estas mesas de trabajo asociativas constituyen una forma de gobernanza con el fin de analizar las consecuencias del cambio climático, así como elaborar agendas públicas locales y planes para cada sector sobre la adaptación a dichos cambios. Su peculiaridad se expresa en que cada sector coloca sobre la mesa, sus intereses y estrategias específicas respecto al cambio climático, en lo local y regional. Del mismo modo, su fortaleza radica en que esta alianza se manifieste y sostenga en Actas de Compromisos y Agendas Locales comunes respecto al cambio climático. No son simples declaraciones formales o buenas intenciones. Son acuerdos de acciones concretas comunes y asociativas para adaptarse a este fenómeno a nivel local y regional. Serían mesas básicamente operativas y con capacidad de incidir en decisiones públicas sobre cambio climático.

 

¿Qué podemos hacer como ciudadanos frente al cambio climático?

 

En abril del 2005, a propósito de un seminario en Santiago de Chile (Ver adjuntos), hacíamos las siguientes reflexiones que consideramos aún vigentes:

 

Si nos quedamos sólo con la información parcial de las cifras macro de emisión de gases de efecto invernadero (GEI) de las grandes industrias, corporaciones y países, lo más probable es que arribemos también a conclusiones parciales. Es obligación de los gobiernos, las empresas, las instituciones globales y las organizaciones ambientales hacerse cargo de estas cifras macro, e implementar políticas y estrategias nacionales y globales que enfrenten el cambio climático. Ese es uno de los principales objetivos del Protocolo de Kioto.

 

No obstante, esa no es toda la realidad. La otra parte de la verdad, en las cifras micro, es que cada uno de nosotros cotidianamente también somos responsables de nuestras cuotas de emisión. Por tanto, debemos hacernos cargo de esa parte de la verdad. Tenemos el derecho a vivir en un ambiente saludable, y también tenemos el deber de contribuir como individuos a mejorar nuestra calidad de vida. No podemos excluirnos de nuestro propio papel en la gestión ambiental local y global.

 

Construirnos como ciudadanos climáticos incluye, por ende, participar, dialogar y exigir a los gobiernos, empresas y entidades internacionales que cumplan con los acuerdos globales y que se implementen políticas nacionales frente al cambio climático. Pero también significa comprometernos con nuestra cuota personal para generar una cultura climática de ahorro energético, hábitos ambientalmente saludables y uso de alternativas de vida adaptables al cambio climático, entre otras muchas opciones (Ver Instructivos adjuntos). Eso sería actuar en lo global y en lo local.

 

REFLEXIONES PARA UNA ESTRATEGIA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO (I)

Santiago, Chile, lunes 14 de Mayo de 2007

Por Luis Alberto Gallegos

Periodista

Editor de Boletín GAL (Gestión Ambiental Local)

 

Hoy el tema del cambio climático se ha instalado en las agendas mediáticas de Chile y el planeta. Ya no se discuten ni se objetan los fundamentos científicos que le dan sustento, aunque siempre hay quienes defienden sus intereses corporativos y tratan de desvirtuar la ciencia climática y morigerar su impacto.

 

No obstante, en el tratamiento público de su diagnóstico hay un tema nodal que pasa desapercibido o simplemente se le trata de subsumir en otros: las causas profundas de este fenómeno.

 

El cambio climático es la expresión condensada de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción de la modernidad y postmodernidad contemporáneas. A distinción de otros grandes temas ambientales, éste resume pristinamente en sí mismo las contradicciones insalvables de un capitalismo depredador del capital humano y del capital natural. Al llevar la acumulación de capital a su máxima expresión la expoliación de los recursos económicos, este sistema pone en riesgo inevitable la sobrevivencia no sólo de los actores productivos involucrados, sino del planeta en su conjunto. Al hacer un uso intensivo y extensivo de los combustibles fósiles como fuente energética y principales emisores de gases invernadero, este modo de crear bienes y servicios ha colocado en riesgo a toda la humanidad.

 

Esta contradicción vital se convierte, por tanto, en una contradicción transversal en la medida que atraviesa y afecta a todas las esferas de la vida de nuestras sociedades: el medio ambiente, la economía, la sociedad civil, la política, la cultura y la ciencia en su conjunto. Hoy por hoy no hay empresario, político, ciudadano o científico que honesta y conscientemente se pueda sentir lejano, extraño o ajeno a este tema. Todos estamos involucrados, querámoslo o no. Y si aún hay resistencia a aceptarlo y asumirlo, más tarde o más temprano todos lo haremos, debido a que su núcleo es la sobrevivencia o no de nosotros mismos y las generaciones futuras.

 

La razón de esta resistencia, indiferencia o inacción es obvia. Temas universales y complejos de este tipo van extendiendo su comprensión consciente en el mundo público, privado y social de manera desigual y diferenciada. El conocimiento científico aún no se ha traducido suficientemente en un conocimiento masivo y en un lenguaje ciudadano que permita acelerar este proceso cognitivo.  No se ha convertido aún en opinión pública. El debate y las iniciativas para su educación y difusión, recién están larvándose.

 

Por tanto, la estrategia contra el cambio climático debe considerar medularmente el núcleo central que lo ha ocasionado, desde la revolución industrial a la fecha. Es decir, se trata de una estrategia que, finalmente, debe imponerse como interpeladora y severamente crítica al sistema socioeconómico que ha predominado en el mundo como alterador del clima y generador de la inequidad y vulnerabilidad que todos conocemos. De no adoptar esta perspectiva, estaremos simplemente reeditando en materia climática las mismas fórmulas reformistas inviables con las que se ha maquillado la pobreza de nuestra gente.

Tiene razón el ex presidente Ricardo Lagos cuando dice que el tema del cambio climático es un tema político. Porque en definitiva son los decidores de las políticas públicas los que finalmente tienen la capacidad de generar las agendas, normativas y planes específicos para mitigar y adaptarse al cambio climático en cada país, región y planetariamente. Pero no sólo es político. Es también un tema económico que debe considerar la reestructuración de los sistemas productivos, matrices energéticas, modalidades de consumo y organización territorial del hábitat. Y allí está el meollo o el quid del asunto, porque está en cuestión el modelo neoliberal al que algunos apuestan como la panacea a nuestro sufrimiento y subdesarrollo.

 

Tiene razón Al Gore cuando dice que el tema del cambio climático es un tema moral y ético. Porque en definitiva se trata de un tema acerca del sentido y futuro de nuestra humanidad. Pero, precisamente por ser un tema ético, requiere de coherencia. Si una estrategia climática realmente pretende abordar de raíz el tema del cambio climático, no puede apelar a remedios que podrían ser peor que la enfermedad o, en el mejor de los casos, paliativos anestésicos. Porque, en rigor, los biocombustibles, tan preciados por el señor Al Gore, podrían provocar similares emisiones de gases invernadero, calamidades tóxicas, alteraciones transgénicas y, sobre todo, modificación de la estructura agrícola con severo impacto en las reservas alimentarias del planeta.

 

Finalmente, cuando hablemos y diseñemos una estrategia y planes que contemplen la densidad y la transversalidad ambiental, socio-económica, política y cultural del cambio climático, podremos entonces, al decir del señor Al Gore, convertir esta crisis planetaria en una oportunidad de transformación. Hoy, es imprescindible oponer a la crisis global, una estrategia integral.

 

Y si de transversalidad hablamos, entonces, por cierto estamos también hablando de voluntades políticas inclusivas en donde estén todos los que tienen que estar: ciudadanos, gobiernos y actores económicos. No hay agendas climáticas eficaces si no se establecen estrategias y planes en donde cada uno de ellos se involucre consciente y activamente. No hay salida posible si esta crisis climática no la transformamos en una oportunidad de cooperación transversal que contribuya a nuevas formas de gobernanza ambiental. Es más, no hay desafío global que no tenga un decisivo tratamiento local. Pero ésto es materia de una segunda entrega de este artículo.

Prólogo al Manual Ciudadano de Cambio Climático

Por: Luis Alberto Gallegos Mendoza

Periodista, Responsable del Proyecto de Cambio Climático del IEP

Santiago, Agosto de 2008.

 

 

En Chile la información, conocimiento y diálogo sobre el cambio climático han estado limitados al ámbito académico, científico y gubernamental. Hay un vacío informativo sobre este tema que, en un lenguaje comprensible, acceda al nivel de la ciudadanía. La gente sencilla aún no logra tener suficiente acceso a tecnicismos y cientificismos de la esfera académica. Faltaba “traducir” el lenguaje científico climático, en una versión de lenguaje ciudadano.

 

Si ello ocurre en la esfera de los códigos de conocimiento, mucho menos acceso e incidencia tiene aún la ciudadanía en las políticas públicas sobre el cambio climático. La participación requiere estar informada y ser consciente. En una encuesta realizada por el IEP en enero de 2008 en la Región Metropolitana de Santiago, el 97,2% señaló que se encuentra al tanto de que estamos ante un fenómeno mundial, aunque sólo un 32,9% indicó que conoce las causas y consecuencias del cambio climático

 

La incidencia ciudadana en el tema del cambio climático, podría hacer más eficaz la gestión de agendas climáticas en los ámbitos locales, regionales y nacionales. La ciudadanía tiene un aporte que brindar a la estrategia de gobernabilidad climática y a los planes de adaptación al cambio climático en cada país. Por tanto, es indispensable informar y educar a la ciudadanía y promover su participación activa en la gestión de políticas públicas para la adaptación al cambio climático.

 

Impacto del cambio climático en Chile

 

Según la Comisión Nacional para el Medio Ambiente de Chile, CONAMA, en su documento “Amenazas y Oportunidades para Chile, ESTRATEGIA NACIONAL DE CAMBIO CLIMÁTICO 2006”, la temperatura superficial global promedio de la atmósfera aumentó en 0.6°C durante el siglo 20. Las proyecciones y consecuencias serán cambios en la temperatura superficial de la atmósfera de 1.4 a 5.8°C y en los patrones de precipitación para los próximos 100 años. Debido a ello, habrá aumentos en el nivel del mar entre 8 y 88 cms; intensificación de eventos climáticos extremos (fuertes precipitaciones, inundaciones, olas de calor y sequías). Asimismo, habrá derretimiento de glaciares, erosión de bordes costeros, la aparición explosiva de epidemias,  daños en cultivos y en la biodiversidad, déficit del recurso hídrico y búsqueda de nuevas formas de energía.

 

La vulnerabilidad de Chile se debe a que tiene zonas costeras bajas; zonas áridas y semiáridas; áreas susceptibles a la deforestación o erosión, a los desastres naturales, a la sequía y la desertificación; áreas urbanas altamente contaminadas, y ecosistemas frágiles. Los estudios nacionales proyectados al 2040 indican la intensificación de aridez en zona norte, avance del desierto hacia el sur, reducción hídrica en zona central y aumento de precipitaciones al sur.

 

Desafíos ciudadanos

 

La CONAMA señala además que, entre otros, los principales desafíos de Chile en esta materia es difundir en la ciudadanía la problemática del cambio climático y desarrollar tres ejes de una Estrategia Nacional de Chile frente a este fenómeno: 1) Adaptación a los Impactos del Cambio Climático; 2) Mitigación de las Emisiones de Gases de Efecto Invernadero; y 3) Creación y Fomento de Capacidades en Cambio Climático. Dentro de este último eje, un objetivo central de esta estrategia es difundir el cambio climático y crear conciencia en la ciudadanía; fomentar la educación e investigación; generar información de calidad y accesible para la toma de decisión; y desarrollar capacidades institucionales para la mitigación y adaptación.

 

En esta perspectiva, los desafíos clave a nivel de la sociedad civil, es generar formas inclusivas en la Estrategia Nacional de Adaptación al Cambio Climático, creando en la ciudadanía redes sustentables de educación, información, asociatividad y participación activa en las agendas y políticas públicas ambientales regionales y locales. Se deben formar y capacitar líderes sociales y ambientales en el conocimiento técnico-científico. Se debe avanzar en la constitución de mesas de trabajo con actores ciudadanos, económicos y de gobiernos locales con el fin de analizar las consecuencias y la adaptación al cambio climático. Se debe construir redes ciudadanas sustentables a nivel comunal, intercomunal e interregional, que participen activamente en las estrategias, agendas públicas locales, planes y acciones de adaptación al cambio climático. Se deben crear sistemas masivos, de alto impacto e interacción, de información y comunicación ciudadana sobre el cambio climático. Y, finalmente, se debe organizar campañas educativas que promuevan una nueva cultura climato-energética y nuevos hábitos de adaptación al cambio climático.

 

Redes ciudadanas

 

La adaptación al cambio climático es centralmente social y ciudadano, por que allí reside la mayor vulnerabilidad. Por ende, es preciso fortalecer el protagonismo de la sociedad civil dentro de las acciones asociativas sobre este tema. El actor ciudadano requiere socializar en su propio lenguaje el conocimiento técnico científico sobre el cambio climático. Requiere dotarse de formas modernas de cooperación y asociatividad en red. Y, sobre todo, requiere de la capacidad de incidir en las decisiones de las políticas públicas y en las agendas locales y regionales vinculadas al cambio climático.

 

Todo ello demanda de fortalezas ciudadanas propias y autónomas. Hay que privilegiar la construcción de redes ciudadanas sobre cambio climático, tanto en forma presencial (talleres, encuentros, actos públicos, campañas, agendas y compromisos, etc.) como también en forma virtual, es decir, conectadas vía Internet. Redes sustentables mediante la participación interactiva, en donde las decisiones sean horizontalmente colaborativas y no verticales o impuestas. La sustentabilidad de una red ciudadana se expresa y consolida en la medida que las decisiones ciudadanas son tomadas en cuenta y los ciudadanos tienen la fortaleza suficiente para hacerse oír y participar en las agendas locales.

 

Gobernanza climática

 

La gobernanza climática es, en rigor, el componente político del proceso de adaptación al cambio climático. Cada mesa de trabajo de gobernabilidad climática es una alianza amplia con participación de las organizaciones ciudadanas, los representantes de gobiernos locales y el empresariado local.

 

Estas mesas de trabajo asociativas constituyen una forma de gobernanza con el fin de analizar las consecuencias del cambio climático, así como elaborar agendas públicas locales y planes para cada sector sobre la adaptación a dichos cambios. Su peculiaridad se expresa en que cada sector coloca sobre la mesa, sus intereses y estrategias específicas respecto al cambio climático, en lo local y regional. Del mismo modo, su fortaleza radica en que esta alianza se manifieste y sostenga en Actas de Compromisos y Agendas Locales comunes respecto al cambio climático. No son simples declaraciones formales o buenas intenciones. Son acuerdos de acciones concretas comunes y asociativas para adaptarse a este fenómeno a nivel local y regional. Serían mesas básicamente operativas y con capacidad de incidir en decisiones públicas sobre cambio climático.

 

¿Qué podemos hacer como ciudadanos frente al cambio climático?

 

En diciembre de 2004, a propósito de un seminario en Santiago de Chile, hacíamos las siguientes reflexiones que consideramos aún vigentes:

 

“Si nos quedamos sólo con la información parcial de las cifras macro de emisión de gases de efecto invernadero (GEI) de las grandes industrias, corporaciones y países, lo más probable es que arribemos también a conclusiones parciales. Es obligación de los gobiernos, las empresas, las instituciones globales y las organizaciones ambientales hacerse cargo de estas cifras macro, e implementar políticas y estrategias nacionales y globales que enfrenten el cambio climático. Ese es uno de los principales objetivos del Protocolo de Kyoto”.

 

No obstante, esa no es toda la realidad. La otra parte de la verdad, en las cifras micro, es que cada uno de nosotros cotidianamente también somos responsables de nuestras cuotas de emisión. Por tanto, debemos hacernos cargo de esa parte de la verdad. Tenemos el derecho a vivir en un ambiente saludable, y también tenemos el deber de contribuir como individuos a mejorar nuestra calidad de vida. No podemos excluirnos de nuestro propio papel en la gestión ambiental local y global. Según estudios, Chile ha ido aumentando las emisiones de dióxido de carbono (CO2) por persona en toneladas métricas al año: 2001, 3,53; 2002, 3,45; 2003, 3,66; 2004, 4,06; 2005, 4,14. Esa, es nuestra propia responsabilidad individual.

(Ver: http://paises.enerclub.es/guia_ampliada/Chile--36/Energ%EDa--7/Emisiones%20de%20CO2%20per%20c%E1pita--97/index.html)

 

Construirnos como ciudadanos climáticos incluye, por ende, participar, dialogar y exigir a los gobiernos, empresas y entidades internacionales que cumplan con los acuerdos globales y que se implementen políticas nacionales frente al cambio climático. Pero también significa comprometernos con nuestra cuota personal para generar una cultura climática de ahorro energético, hábitos ambientalmente saludables y uso de alternativas de vida adaptables al cambio climático, entre otras muchas opciones. Eso sería actuar tanto en lo global como en lo local.

 

Capitalismo depredador: la fuente del cambio climático

 

Hoy el tema del cambio climático se ha instalado en las agendas mediáticas de Chile y el planeta. Ya no se discuten ni se objetan los fundamentos científicos que le dan sustento, aunque siempre hay quienes defienden sus intereses corporativos y tratan de desvirtuar la ciencia climática y morigerar su impacto.

 

No obstante, en el tratamiento público de su diagnóstico hay un tema nodal que pasa desapercibido o simplemente se le trata de subsumir en otros: las causas profundas de este fenómeno.

 

El cambio climático es la expresión condensada de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción de la modernidad y postmodernidad contemporáneas. A distinción de otros grandes temas ambientales, éste resume pristinamente en sí mismo las contradicciones insalvables de un capitalismo depredador del capital humano y del capital natural. Al llevar la acumulación de capital a su máxima expresión la expoliación de los recursos económicos, este sistema pone en riesgo inevitable la sobrevivencia no sólo de los actores productivos involucrados, sino del planeta en su conjunto. Al hacer un uso intensivo y extensivo de los combustibles fósiles como fuente energética y principales emisores de gases invernadero, este modo de crear bienes y servicios ha colocado en riesgo a toda la humanidad.

 

Esta contradicción vital se convierte, por tanto, en una contradicción transversal en la medida que atraviesa y afecta a todas las esferas de la vida de nuestras sociedades: el medio ambiente, la economía, la sociedad civil, la política, la cultura y la ciencia en su conjunto. Hoy por hoy no hay empresario, político, ciudadano o científico que honesta y conscientemente se pueda sentir lejano, extraño o ajeno a este tema. Todos estamos involucrados, querámoslo o no. Y si aún hay resistencia a aceptarlo y asumirlo, más tarde o más temprano todos lo haremos, debido a que su núcleo es la sobrevivencia o no de nosotros mismos y las generaciones futuras.

 

La razón de esta resistencia, indiferencia o inacción es obvia. Temas universales y complejos de este tipo van extendiendo su comprensión consciente en el mundo público, privado y social de manera desigual y diferenciada. El conocimiento científico aún no se ha traducido suficientemente en un conocimiento masivo y en un lenguaje ciudadano que permita acelerar este proceso cognitivo.  No se ha convertido aún en opinión pública. El debate y las iniciativas para su educación y difusión, recién están larvándose.

 

Por tanto, la estrategia contra el cambio climático debe considerar medularmente el núcleo central que lo ha ocasionado, desde la revolución industrial a la fecha. Es decir, se trata de una estrategia que, finalmente, debe imponerse como interpeladora y severamente crítica al sistema socioeconómico que ha predominado en el mundo como alterador del clima y generador de la inequidad y vulnerabilidad que todos conocemos. De no adoptar esta perspectiva, estaremos simplemente reeditando en materia climática las mismas fórmulas reformistas inviables con las que se ha maquillado la pobreza de nuestra gente.

 

Tiene razón el ex presidente Ricardo Lagos cuando dice que el tema del cambio climático es un tema político. Porque en definitiva son los decidores de las políticas públicas los que finalmente tienen la capacidad de generar las agendas, normativas y planes específicos para mitigar y adaptarse al cambio climático en cada país, región y planetariamente. Pero no sólo es político. Es también un tema económico que debe considerar la reestructuración de los sistemas productivos, matrices energéticas, modalidades de consumo y organización territorial del hábitat. Y allí está el meollo o el quid del asunto, porque está en cuestión el modelo neoliberal al que algunos apuestan como la panacea a nuestro sufrimiento y subdesarrollo.

 

Tiene razón Al Gore cuando dice que el tema del cambio climático es un tema moral y ético. Porque en definitiva se trata de un tema acerca del sentido y futuro de nuestra humanidad. Pero, precisamente por ser un tema ético, requiere de coherencia. Si una estrategia climática realmente pretende abordar de raíz el tema del cambio climático, no puede apelar a remedios que podrían ser peor que la enfermedad o, en el mejor de los casos, paliativos anestésicos. Porque, en rigor, los biocombustibles, tan preciados por el señor Al Gore, podrían provocar similares emisiones de gases invernadero, calamidades tóxicas, alteraciones transgénicas y, sobre todo, modificación de la estructura agrícola con severo impacto en las reservas alimentarias del planeta.

 

Finalmente, cuando hablemos y diseñemos una estrategia y planes que contemplen la densidad y la transversalidad ambiental, socio-económica, política y cultural del cambio climático, podremos entonces, al decir del señor Al Gore, convertir esta crisis planetaria en una oportunidad de transformación. Hoy, es imprescindible oponer a la crisis global, una estrategia integral.

 

Y si de transversalidad hablamos, entonces, por cierto estamos también hablando de voluntades políticas inclusivas en donde estén todos los que tienen que estar: ciudadanos, gobiernos y actores económicos. No hay agendas climáticas eficaces si no se establecen estrategias y planes en donde cada uno de ellos se involucre consciente y activamente. No hay salida posible si esta crisis climática no la transformamos en una oportunidad de cooperación transversal que contribuya a nuevas formas de gobernanza ambiental. Es más, no hay desafío global que no tenga un decisivo tratamiento local.

 

 

Agradecemos a la División de Organizaciones Sociales, DOS, del Ministerio Secretaría General de Gobierno el apoyo que nos ha brindado para la ejecución de este manual ciudadano y del proyecto sobre cambio climático. Sin ello no hubiera sido posible disponer de este material y de este proceso de participación ciudadana en este candente tema actual.

 

Agradecemos asimismo, a las organizaciones ciudadanas co-ejecutoras, a las autoridades y expositores de los temas especializados en cambio climático y a todos los ciudadanos y ciudadanas que participaron activamente en la generación de capacidades sociales y los espacios de diálogo e información sobre el cambio climático en sus respectivas regiones.

 

Agradecemos, del mismo modo, al Instituto de Ecología Política y a su director Manuel Baquedano la disposición de comprometerse con esta iniciativa ciudadana, su visión estratégica en este tema y su crucial apoyo institucional para el éxito de este proceso.

 

Finalmente, agradecemos a Mónica Rodríguez, la autora de este texto y a todo el equipo que desde diversas actividades han apoyado el desarrollo de este proceso ciudadano en la esfera del cambio climático: Ignacio Almonacid, José Altamirano, Ivonne Almazábal, Rosa María Moreno, Cristian Arismendi, Manuel Cortés, Cristian Villarroel, Anna Karin Gauding, Richard Pacheco y Juan Miranda.